Por qué el calor afecta más a los niños
Con las altas temperaturas, los pediatras repiten un mensaje cada verano: los bebés y los niños pequeños no son adultos en miniatura y su cuerpo tolera peor el calor. La Asociación Española de Pediatría (AEP) recuerda que los menores son más vulnerables que los adultos a los golpes de calor. Regulan peor su temperatura —sudan menos y más tarde—, tienen más superficie corporal en relación con su peso (absorben calor con rapidez) y sus sistemas aún no están del todo maduros. El riesgo es mayor en los menores de un año y sigue siendo alto hasta los cuatro. Y hay un factor añadido: un niño pequeño no siempre sabe decir que tiene sed o que se encuentra mal, así que la vigilancia del adulto es clave.
(Esta información es divulgativa y no sustituye la valoración de tu pediatra.)
Síntomas de alarma
El golpe de calor puede empezar de forma sutil. Conviene estar atentos a la irritabilidad o el llanto sin causa aparente, a un decaimiento o somnolencia poco habituales, a la piel caliente y enrojecida, y a una sudoración excesiva o, al contrario, una piel seca. En bebés, ojo también a las señales de deshidratación: menos pañales mojados, llanto sin lágrimas u ojos hundidos.
Hay síntomas que exigen actuar de inmediato: fiebre muy alta, piel muy caliente y seca, vómitos repetidos, respiración rápida, mareo, confusión, somnolencia extrema o convulsiones, según recogen fuentes como MedlinePlus.
Cómo prevenirlo
- Hidratación: ofrece agua con frecuencia, sin esperar a que la pida. En bebés menores de seis meses con lactancia materna exclusiva, la leche cubre sus necesidades y no hace falta dar agua extra.
- Ropa ligera: colores claros, tejidos finos y transpirables, gorro y protección solar.
- Evita las horas centrales: reduce la exposición al sol en las horas de más calor y busca la sombra.
- Nunca dejes a un niño solo en el coche, ni un momento: el interior alcanza temperaturas peligrosas en pocos minutos.
- Ambientes frescos: casa ventilada, nada de ejercicio intenso en las horas de calor y un dormitorio a temperatura agradable.
Cuándo pedir ayuda
Llama al 112 de inmediato si el niño tiene fiebre muy elevada con síntomas neurológicos, pérdida de conciencia, convulsiones, confusión, dificultad para respirar, vómitos repetidos o un letargo marcado. Mientras llega la ayuda, llévalo a un lugar fresco y a la sombra, retírale la ropa, refréscalo con paños de agua fría en cuello, axilas e ingles y, si está consciente, dale pequeños sorbos de agua. No le des medicamentos para la fiebre por tu cuenta. Detectar el problema a tiempo y actuar con calma marca la diferencia; pero, sobre todo, la mejor herramienta es la prevención.



