Una curva para el asombro

La imagen recorrió el mundo: un flamante paso elevado que, en lugar de describir una curva suave, giraba de golpe casi en ángulo recto. Ocurrió en Bhopal, capital del estado indio de Madhya Pradesh, con el llamado paso elevado (Rail Over Bridge) de Aishbagh, una obra de unos 648 metros que costó alrededor de 2,3 millones de dólares, según recopiló Xataka. El puente debía aliviar el tráfico de cientos de miles de personas; en cambio, se convirtió en un chiste viral.

Ni siquiera eran 90 grados

Con humor, conviene matizar el mito: análisis posteriores concluyeron que el giro no era exactamente de 90 grados, sino de unos 118, como recogió Organiser. Técnicamente algo menos temerario, pero en la práctica igual de impracticable para un vehículo que circule con normalidad.

El verdadero fallo: la descoordinación

Lo llamativo es que el problema no nació de un error de cálculo, sino de años de desencuentros administrativos. El proyecto original contemplaba una curva mucho más abierta, pero, según las informaciones, los ferrocarriles indios no cedieron el terreno necesario, había una línea de metro en obras que sortear y las distintas administraciones no lograban ponerse de acuerdo sobre quién cedía qué. Cada nueva traba obligaba a rediseñar el trazado, y el resultado final fue un diseño que nadie quería pero que se fue aprobando a trompicones.

Consecuencias

El escándalo tuvo secuelas: varias autoridades suspendieron temporalmente a los ingenieros implicados y se planteó vetar a las empresas contratistas de futuros proyectos, medidas que después se revisaron al constatar que la constructora se había limitado a ejecutar fielmente el diseño que le entregaron. Más allá de lo anecdótico, el caso de Bhopal se ha convertido en un ejemplo de manual: en las grandes infraestructuras, el mayor riesgo no siempre está en las matemáticas, sino en la coordinación entre todos los que tienen que entenderse para que una obra, sencillamente, sirva para lo que fue pensada.