Regreso al Cantábrico

Un verano más, las carabelas portuguesas (Physalia physalis) han vuelto a asomar a las playas del norte de España, sobre todo en la costa cantábrica. Su presencia ha obligado a izar banderas de aviso en varios arenales y ha dejado ya decenas de personas atendidas por picaduras en lo que va de temporada, según recoge la prensa especializada. Los socorristas y la Cruz Roja vigilan la orilla y retiran los ejemplares que llegan a la arena.

No es una medusa

Conviene recordarlo: la carabela portuguesa no es una medusa, sino un sifonóforo, una colonia flotante de organismos que funcionan como uno solo. Se reconoce por su flotador azulado o violáceo —parecido a una vela o una bolsa— del que cuelgan tentáculos que pueden alcanzar varios metros. Esos tentáculos están cargados de células urticantes con un veneno potente, y su picadura es muy dolorosa, como detalla la ficha de la especie. Un dato clave para el verano: siguen siendo peligrosas aunque estén muertas sobre la arena, así que no hay que tocarlas bajo ningún concepto.

Cómo actuar ante una picadura

Los protocolos de emergencias recomiendan estos pasos:

  • Sal del agua con calma y acude al puesto de socorro.
  • Retira los restos de tentáculo con pinzas o el canto de una tarjeta, nunca con los dedos.
  • Lava la zona con agua de mar, nunca con agua dulce (que puede activar más veneno); tampoco frotes con arena ni con la toalla.
  • Ante una reacción intensa —hinchazón importante, dificultad para respirar, mareo—, llama al 112.

Por qué cada vez más al norte

La aparición recurrente de carabelas en el Cantábrico se asocia al calentamiento de las aguas y a los vientos y corrientes atlánticas, que las empujan hacia latitudes donde antes eran poco frecuentes. Mientras dure el episodio, la recomendación es sencilla: mirar la bandera de cada playa, hacer caso a los socorristas y no acercarse a nada que se parezca a una bolsa azulada en la orilla, ni siquiera por curiosidad. Con precaución, el baño sigue siendo seguro.