Qué es (y qué no es) una bandera negra
Cada verano, mientras muchos municipios presumen de sus banderas azules, la organización Ecologistas en Acción publica el reverso de esa moneda: el informe Banderas Negras, un repaso a los puntos del litoral español donde la contaminación y la mala gestión ambiental golpean con más fuerza. La edición de 2026 reparte 48 banderas negras, según recogió la prensa.
Conviene no confundir los dos distintivos. La bandera azul es un premio: lo concede la Fundación de Educación Ambiental a las playas que cumplen criterios de calidad del agua, seguridad y servicios. La bandera negra es lo contrario: un señalamiento que Ecologistas en Acción reparte desde 2005 para denunciar tramos de costa en situación de desastre o amenaza ambiental. No es un galardón, sino una llamada de atención.
Cómo se elabora
El método es sistemático: se revisa el conjunto del litoral y se otorgan dos banderas por cada provincia y ciudad autónoma costera —una por contaminación y otra por mala gestión—, de donde sale ese número cercano a la cincuentena, según explica la propia organización. El análisis abarca vertidos y saneamiento deficiente, urbanización del litoral, contaminación química, presión turística, acumulación de plásticos y pérdida de biodiversidad.
Los problemas que denuncia
Entre los casos que la organización y la prensa han puesto como ejemplo figuran la crisis persistente del Mar Menor (Murcia) por el exceso de nutrientes, los vertidos en distintos puntos del Cantábrico, la urbanización de tramos costeros en Canarias o la masificación turística de arenales muy visitados. El patrón que se repite, subrayan, es doble: cemento y aguas sin depurar.
La novedad de 2026: restaurar, no solo denunciar
La gran diferencia de esta edición es su acento en la restauración ecológica. El informe no se limita a marcar lo que va mal: propone recuperar humedales, dunas y lagunas degradadas, y pone como ejemplo casos de «desurbanización» del litoral. El contexto es el Reglamento europeo de Restauración de la Naturaleza, que obliga a España a presentar un plan nacional en esa línea. El mensaje de fondo es que ambos distintivos pueden convivir en una misma costa —una playa con bandera azul y, a pocos kilómetros, otra con bandera negra— y que conviene mirar más allá del sello turístico para fijarse en la salud real del litoral.



