O más ingresos, o recortes
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha lanzado una advertencia a los Estados miembros de cara a la negociación del próximo presupuesto plurianual de la UE (el que regirá a partir de 2028): sin nuevas fuentes de ingresos propias, la Unión tendrá que elegir entre pedir a los países que aporten más o afrontar recortes de calado, según recogió la prensa europea. Es un debate técnico, pero con consecuencias muy concretas para países como España.
Por qué aprietan las cuentas
La presión sobre el presupuesto europeo viene de dos frentes. El primero, la devolución de la deuda que la UE emitió conjuntamente para financiar el fondo de recuperación tras la pandemia (NextGenerationEU): a partir de 2028, esos reembolsos empezarán a comerse una parte del presupuesto anual. El segundo, las nuevas prioridades: defensa, competitividad frente a Estados Unidos y China, y el apoyo a Ucrania, partidas que antes apenas pesaban y que ahora reclaman miles de millones. Con el modelo actual —basado sobre todo en las aportaciones nacionales según la riqueza de cada país— las cuentas no cuadran.
Qué son los 'recursos propios'
Los llamados recursos propios son ingresos de la Unión que no dependen de las transferencias directas de los gobiernos. La Comisión plantea añadir varias fuentes nuevas —vinculadas, entre otras, a las emisiones de carbono, un gravamen sobre grandes empresas o impuestos específicos— para que Bruselas tenga financiación estable sin cargar aún más a los Estados, como detalla la propia Comisión. Las cifras concretas, todavía en discusión, forman parte de una propuesta que deberán negociar los Veintisiete.
Resistencias y el interés español
El plan choca con la resistencia habitual de los países contribuyentes netos —como Alemania, Países Bajos o Austria—, reacios a aportar más o a nuevas emisiones de deuda común. Para España, en cambio, la partida es delicada: es beneficiaria neta de los fondos europeos, de modo que un presupuesto más pequeño se traduciría en menos recursos para políticas de cohesión y desarrollo regional. La negociación del nuevo marco, que se prevé larga y difícil, marcará durante años cuánto y en qué puede gastar la Unión.



