Gana Lasher, pero nadie celebra del todo

La primaria demócrata del 12.º distrito del Congreso de Nueva York, celebrada el 23 de junio de 2026, tenía todos los ingredientes de un referéndum sobre el futuro de la regulación de la inteligencia artificial en Estados Unidos. El resultado, sin embargo, no admite una lectura sencilla. Con cerca del 94% del escrutinio, el asambleísta Micah Lasher se impuso con alrededor del 39% de los votos, seguido de cerca por su rival Alex Bores, con un 35%, según amNY. Más atrás quedaron Jack Schlossberg (en torno al 11%) y otros candidatos. Bores felicitó al ganador y reconoció su derrota.

Lo extraordinario no fue el margen, sino el dinero: el sector tecnológico convirtió una primaria de distrito —de las que rara vez llegan a los titulares nacionales— en una de las más caras del país, con unos 26 millones de dólares gastados en anuncios.

El campo de batalla: la RAISE Act

El origen está en la RAISE Act, la ley de seguridad de IA que Bores impulsó en la Asamblea de Nueva York y que obliga a los grandes laboratorios a publicar planes de seguridad, comunicar incidentes graves y no lanzar modelos con riesgos irrazonables. Para buena parte de la industria, era el tipo de regulación que querían frenar antes de que cundiera el ejemplo.

Como ya contamos, el súper PAC Leading the Future —respaldado por la firma de capital riesgo a16z, el presidente de OpenAI Greg Brockman y otros inversores— gastó millones en atacar a Bores, al que convirtió en su diana prioritaria. La idea era hacer de él un escarmiento: demostrar que defender la regulación de la IA tiene un coste político. Enfrente, grupos vinculados a Anthropic —partidaria de mayores salvaguardas— canalizaron millones a favor de Bores. Y, en paralelo, el exalcalde Michael Bloomberg inyectó cerca de 10 millones a través de su propio comité para apoyar a Lasher.

¿Por qué un "empate"?

El medio especializado The Verge, del que parte esta historia, habla de «empate» no porque el recuento fuera ajustado —cuatro puntos es un margen razonable—, sino porque ninguno de los dos bandos de la industria de la IA logró del todo su objetivo.

Leading the Future quería tumbar a Bores de forma contundente, y aunque lo derrotó, el margen es demasiado estrecho para servir de advertencia. Anthropic gastó decenas de millones para mantenerlo en la carrera y no lo consiguió. Y el propio Lasher se encargó de marcar distancias con sus patrocinadores tecnológicos: en su discurso de victoria avisó a «las grandes empresas de IA» de que no esperasen de él docilidad, según recogió la prensa neoyorquina.

Las lecciones de una carrera de 26 millones

El episodio deja varias señales para la política tecnológica estadounidense. La primera: el dinero del sector no es omnipotente; pese a una enorme desventaja en el gasto en contra, Bores se quedó a cuatro puntos. La segunda: la regulación de la IA ya tiene suficiente visibilidad como para movilizar votos en ambas direcciones. Y la tercera, quizá la más relevante a largo plazo: que el ganador sienta la necesidad de desmarcarse públicamente de los lobbies de Silicon Valley sugiere que aparecer como su candidato puede ser, incluso, un lastre. La primera gran batalla de los súper PAC de la IA ha terminado en tablas.