OpenAI ya no quiere depender solo de los chips de otros. La empresa que creó ChatGPT ha presentado junto a Broadcom su primer procesador de inteligencia artificial, bautizado como Jalapeño, según anunciaron ambas compañías. No es un rumor ni un apodo de la prensa: el nombre y el lanzamiento son reales y han sido confirmados por las dos partes. El movimiento, recogido también por CNBC, tiene calado en una carrera por la infraestructura de la IA hasta ahora dominada casi por completo por Nvidia.

Qué es Jalapeño y para qué sirve

OpenAI lo describe como un «procesador de inteligencia», un acelerador pensado específicamente para la inferencia: el proceso de ejecutar modelos ya entrenados para responder a las consultas de los usuarios en ChatGPT y otras aplicaciones. No está diseñado para el entrenamiento de los modelos, la fase más pesada, sino para servirlos de forma más rápida y barata a gran escala.

La idea es optimizar el chip alrededor de las necesidades concretas de los modelos de OpenAI —patrones de memoria, redes, núcleos de cálculo— en lugar de usar un procesador genérico. La compañía asegura que Jalapeño es compatible con toda su gama de modelos de lenguaje.

Con quién se fabrica

El diseño corre a cargo de Broadcom, que aporta además su tecnología de redes. La fabricación se encarga a la taiwanesa TSMC, que produciría el chip con su proceso de 3 nanómetros, según las informaciones publicadas, que conviene seguir contrastando con la documentación técnica oficial.

Uno de los datos más llamativos es la velocidad de desarrollo: OpenAI afirma que el chip pasó del diseño inicial a la fase de fabricación en apenas nueve meses, con la ayuda de sus propios modelos de IA en el proceso. El consejero delegado de Broadcom, Hock Tan, llegó a comparar el resultado con los chips Blackwell de Nvidia o los TPU de Google, aunque esa equivalencia de rendimiento conviene tomarla con cautela hasta que haya pruebas independientes, como recoge The Decoder.

Menos dependencia de Nvidia y la sombra de la 'burbuja'

El trasfondo es económico y estratégico. Las grandes empresas de IA llevan meses gastando cifras astronómicas en infraestructura, y casi todo ese dinero acaba en manos de Nvidia, cuyos chips son caros y escasos. Diseñar silicio propio permite a OpenAI recortar costes de inferencia y ganar margen de maniobra frente a un único proveedor.

Esta apuesta llega justo cuando los mercados debaten si hay una burbuja de la IA en bolsa, un temor que ya ha provocado fuertes vaivenes en los índices tecnológicos y del que venimos informando. Las dos compañías hablan de un despliegue a gran escala a partir de 2026, con un compromiso de instalar 10 gigavatios de aceleradores diseñados por OpenAI hasta finales de la década.

Son cifras enormes, pero todavía promesas: habrá que ver si Jalapeño cumple en rendimiento, coste y plazos lo que sus creadores prometen. Por ahora, lo confirmado es que OpenAI ha dado su primer paso para construir su propio silicio, y que el reinado absoluto de Nvidia tiene, al menos, un nuevo aspirante.