Un fondo de 42.500 millones que cambió de rumbo

El programa BEAD (siglas en inglés de Equidad, Acceso y Despliegue de la Banda Ancha) nació bajo la Administración de Joe Biden como el mayor esfuerzo federal para cerrar la brecha digital en Estados Unidos: unos 42.500 millones de dólares destinados a llevar internet de alta velocidad a las zonas rurales y mal conectadas del país. En su diseño original, el dinero priorizaba la fibra óptica, considerada la tecnología más rápida y duradera.

Ese enfoque cambió en 2025. Según Stateline, el Departamento de Comercio revirtió la directriz que daba preferencia a la fibra y la sustituyó por un criterio de «neutralidad tecnológica». La NTIA, la agencia que gestiona el fondo, emitió una nota de reestructuración que, en sus propias palabras, «rechaza la imposición de preferencias tecnológicas de la Administración Biden».

Quién gana con la 'neutralidad'

El efecto práctico de ese cambio favorece a los proveedores de satélites en órbita baja, y muy en particular a Starlink, la filial de internet por satélite de SpaceX, la empresa de Elon Musk. Las nuevas reglas obligan a los estados a adjudicar las ayudas al proveedor que prometa servir cada ubicación al menor coste, lo que tiende a empujar las decisiones hacia el satélite, más barato de desplegar que tender cable hasta granjas aisladas.

Según las estimaciones citadas por Stateline, con las reglas originales Starlink esperaba recibir hasta 4.100 millones de dólares; tras la revisión, la cifra que se baraja oscila entre 10.000 y 20.000 millones. Conviene tomar esos números con cautela: son proyecciones, no adjudicaciones cerradas. De hecho, según datos provisionales recogidos por la prensa especializada, hasta finales de 2025 Starlink y Amazon Leo (el proyecto Kuiper de Jeff Bezos) sumaban en torno a 1.040 millones de dólares, menos del 5% del total adjudicado, y los estados habían dejado sin reclamar cerca de 21.000 millones.

El secretario de Comercio, Howard Lutnick, defendió el cambio alegando que se trata de un enfoque «neutral en cuanto a tecnología, guiado rigurosamente por los resultados». Sus críticos señalan que hoy solo hay un proveedor de satélite en órbita baja realmente operativo a gran escala: Starlink.

Las objeciones: velocidad, capacidad y conflicto de interés

Los detractores sostienen que el satélite no iguala a la fibra en velocidad, fiabilidad ni escalabilidad a largo plazo. Una investigación citada por Community Networks advierte de que cada haz de cobertura de Starlink puede saturarse a partir de cierto número de abonados por kilómetro cuadrado, y que solo un 17,4% de los usuarios estadounidenses de Starlink medidos alcanzaba el mínimo de banda ancha (100 Mbps de bajada y 20 de subida) que exige el propio BEAD. Los autores reconocen, no obstante, que la falta de transparencia técnica de la empresa limita sus conclusiones.

La reforma también eliminó la exigencia de ofrecer un plan de bajo coste para usuarios con menos recursos. A todo ello se suma la sospecha de conflicto de interés: Musk tuvo un papel destacado en la Administración Trump al frente del llamado DOGE mientras sus empresas competían por contratos públicos, una situación que diversos analistas describen como difícil de conciliar con las normas sobre conflictos de interés. La NTIA prevé que las primeras obras financiadas por el BEAD arranquen a comienzos de 2026.