Una guerra millonaria por un solo escaño
Que una industria gaste decenas de millones de dólares en una elección presidencial es habitual en Estados Unidos. Que lo haga en una primaria demócrata local para elegir candidato en un distrito de Manhattan es, en cambio, una rareza que ha encendido las alarmas. Según la prensa estadounidense, los comités vinculados a la industria de la inteligencia artificial han invertido en torno a 27 millones de dólares —sumando los bandos a favor y en contra— en la carrera por el distrito 12 de Nueva York, que se decidía en las urnas este 23 de junio.
En el centro de la disputa está Alex Bores, asambleísta estatal y exempleado del sector tecnológico que aspira a suceder al veterano congresista Jerry Nadler. Su pecado, a ojos de buena parte de Silicon Valley, fue impulsar la RAISE Act, considerada la ley de seguridad de la IA más exigente del país.
Qué es un 'super PAC' y por qué importa
Un super PAC es un comité de acción política que puede recaudar y gastar cantidades ilimitadas de dinero para apoyar o atacar a un candidato, siempre que no se coordine oficialmente con su campaña. Es uno de los vehículos más potentes —y opacos— del dinero en la política estadounidense.
El protagonista aquí es Leading the Future, un super PAC creado en 2025 con más de 100 millones de dólares comprometidos. Entre sus respaldos figuran, según la prensa especializada, la firma de capital riesgo de Marc Andreessen (a16z), el presidente de OpenAI Greg Brockman, el cofundador de Palantir Joe Lonsdale y la empresa de búsqueda con IA Perplexity. A través de una entidad subsidiaria, este grupo habría gastado en torno a 7,6 millones de dólares específicamente contra Bores, según CNBC.
La ley que desató la ofensiva
La RAISE Act (Responsible AI Safety and Education Act) obliga a los grandes desarrolladores de IA a publicar sus protocolos de seguridad, seguirlos, comunicar incidentes críticos y prohíbe lanzar modelos con riesgos irrazonables. Las sanciones por incumplimiento podrían alcanzar varios millones de dólares por infracción.
Leading the Future acusó a Bores de promover una «legislación ideológica y políticamente motivada» que «maniataría» la capacidad del país para liderar en IA. Más allá del ataque concreto, The Nation recoge que los fundadores del comité habrían dicho públicamente que querían «hacer un ejemplo» de Bores para disuadir a cualquier político de imponer límites a la IA. Es una afirmación atribuida a sus promotores y conviene tomarla como tal: refleja una estrategia disuasoria, no necesariamente una intención literal verificada por terceros.
No todo el dinero rema en la misma dirección
Lo singular del caso es que la propia industria está dividida. Frente a Leading the Future, otros grupos partidarios de regular la IA han gastado más de 10 millones de dólares en apoyo de Bores. Según The American Prospect y CNBC, parte de ese dinero procede de redes vinculadas a la empresa Anthropic —rival de OpenAI y partidaria de mayores salvaguardas—, incluido el inversor Chris Larsen. La pugna ha convertido la primaria en una especie de disputa familiar dentro del propio sector de la IA.
El resultado de la carrera, en la que Bores compite con el también asambleísta Micah Lasher y con Jack Schlossberg, nieto de John F. Kennedy, no se conocía al cierre de esta pieza. En un distrito de fuerte mayoría demócrata, quien gane la primaria tiene prácticamente asegurado el escaño.
Qué revela el caso
Más allá del desenlace, el episodio ilustra un cambio de escala: el lobby de la IA ya no se limita a presionar en los despachos de Washington, sino que está dispuesto a comprar visibilidad y castigar a legisladores concretos desde la base electoral. Para una industria que pide a gritos no ser regulada «prematuramente», invertir 27 millones en un solo distrito es, sobre todo, un mensaje al resto de la clase política estadounidense.



