Antes de pisar Downing Street, Keir Starmer construyó su reputación en los tribunales. Su dimisión como primer ministro británico, anunciada el 22 de junio de 2026, invita a mirar atrás, a una carrera jurídica que comenzó muy lejos del poder y muy cerca de las causas perdidas. Entre todas ellas destaca una: el llamado caso McLibel, el pleito por difamación más largo de la historia de Inglaterra.

De la abogacía de los derechos humanos

Keir Rodney Starmer nació el 2 de septiembre de 1962. Estudió Derecho en la Universidad de Leeds y completó un posgrado en Oxford antes de ser admitido como abogado en 1987. En 1990 se incorporó a Doughty Street Chambers, un despacho que se convertiría en sinónimo de litigios de derechos humanos.

Durante aquellos años, Starmer se especializó en defensa penal y en causas vinculadas a las libertades fundamentales. Defendió a condenados a muerte en países del Caribe, donde la pena capital seguía vigente, y trabajó como asesor en materia de derechos humanos. Era el perfil del letrado activista, más interesado en los principios que en los grandes honorarios.

El caso McLibel: David contra Goliat

La historia que cimentó su fama comenzó en 1990. McDonald's demandó por difamación a un grupo de activistas que repartían un panfleto titulado What's wrong with McDonald's («Qué hay de malo en McDonald's»). Dos de ellos, David Morris y Helen Steel, se negaron a retractarse y decidieron plantar cara a la multinacional.

Sin recursos para pagar abogados, ambos tuvieron que representarse a sí mismos frente a un ejército de letrados de la empresa. Ahí entró Starmer: les ofreció asesoramiento jurídico de forma gratuita, redactando escritos y orientándolos entre bastidores durante años.

El juicio se prolongó hasta convertirse en el más largo de la historia judicial inglesa. En junio de 1997, el tribunal dictó una sentencia de más de mil páginas que, pese a dar la razón en lo esencial a McDonald's, reconocía que la cadena explotaba a los niños en su publicidad y era responsable de crueldad contra los animales. Un veredicto agridulce que la empresa difícilmente pudo celebrar.

Victoria en Estrasburgo

La batalla no terminó ahí. Steel y Morris llevaron el caso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con Starmer ya representándolos formalmente. El 15 de febrero de 2005, Estrasburgo les dio la razón: declaró que el Reino Unido había vulnerado su derecho a un juicio justo y a la libertad de expresión, y ordenó al Estado indemnizarlos. El tribunal subrayó que, en una democracia, incluso los pequeños grupos de campaña deben poder actuar con eficacia.

Fiscal jefe de la Corona

Entre tanto, la carrera de Starmer ascendía. En 2002 fue nombrado Queen's Counsel (QC), la máxima distinción de la abogacía británica. El giro decisivo llegó en 2008, cuando asumió la dirección de la Fiscalía de la Corona como Director of Public Prosecutions (DPP), cargo que ocupó hasta 2013. Desde el otro lado de la sala supervisó casos de enorme repercusión y reformó protocolos de investigación. En 2014 fue nombrado caballero por sus servicios al derecho y la justicia penal.

De defensor pro bono de activistas a jefe de los fiscales, y de ahí a la política: la trayectoria de Starmer dibuja a un jurista que pasó media vida en los tribunales antes de descubrir, ya en el poder, que ganar pleitos resulta más sencillo que gobernar.