Menos bebés, más mascotas

En Japón se está produciendo un giro industrial tan silencioso como revelador: fabricantes de carritos y pañales para bebés están reorientando su producción hacia los productos para mascotas. No es un capricho de mercado, sino la respuesta a una crisis demográfica de fondo, según relata Xataka.

Los números explican el movimiento. La natalidad japonesa encadena mínimos históricos año tras año, con menos de 700.000 nacimientos anuales, una emergencia demográfica que CNN describe como cada vez más profunda. Mientras tanto, el número de perros y gatos en los hogares supera ya al de niños. Donde antes había una cuna, ahora hay, cada vez más, una cama para el animal de compañía.

Empresas que se reinventan

El caso más citado es el de compañías que llevaban décadas fabricando artículos de puericultura y que han trasladado ese conocimiento al mundo animal. Los fabricantes de carritos de bebé han encontrado un mercado natural en los carritos para perros, prácticamente idénticos en concepto: mismas ruedas, misma estructura, cambia el pasajero. Y los fabricantes de pañales desechables aplican su tecnología a los productos de higiene para mascotas.

La lógica es puramente empresarial: el mercado del cuidado de mascotas crece con fuerza en Japón mientras el de productos para bebés se contrae. Las empresas no han inventado la demanda; la han detectado en sus cifras de ventas y se han movido con rapidez para no quedarse atrás.

El retrato de una sociedad

Detrás de la anécdota industrial hay un cambio social de calado. En un país donde los jóvenes retrasan el matrimonio y la maternidad por motivos económicos y laborales, y donde el espacio en las grandes ciudades es escaso, las mascotas ofrecen a muchos una forma de vínculo y de cuidado sin las exigencias de criar a un hijo. Los mayores adoptan animales para combatir la soledad; las parejas urbanas, para llenar hogares pequeños.

La reconversión de estas fábricas es, en el fondo, un termómetro. Japón envejece y se despuebla, y su tejido industrial se adapta a lo que la sociedad sigue demandando: cuidar de un ser dependiente, aunque tenga cuatro patas.