Más retórica que hechos

Irán ha vuelto a subir el tono sobre el Estrecho de Ormuz, asegurando que quiere supervisar el paso de buques por esa ruta estratégica. Pero conviene leer la letra pequeña: por ahora, parece más una herramienta de presión que una acción consumada. De hecho, mientras la Guardia Revolucionaria llegó a dar el estrecho por «cerrado», el propio Ministerio de Exteriores iraní matizó poco después que la navegación funciona con normalidad, según Al Jazeera. Esa contradicción interna resume el momento: amenaza arriba, barcos navegando abajo.

Estados Unidos lo desmiente

Washington rechaza que Irán controle el paso. Cargos estadounidenses han insistido en que el estrecho está abierto y en que no hay pruebas de un bloqueo efectivo iraní. Los datos de tráfico marítimo respaldan esa versión: el petróleo sigue cruzando Ormuz en grandes volúmenes pese a las advertencias.

Por qué importa Ormuz

El motivo de tanta atención es conocido: por Ormuz circula en torno a una quinta parte del petróleo que se transporta por mar en el mundo. Cualquier amenaza creíble de cierre dispara el miedo en los mercados y el precio del crudo. Por eso una simple declaración desde Teherán puede mover el barril, aunque luego no se traduzca en hechos.

El petróleo, a la baja

La buena noticia para el bolsillo es que, de momento, los mercados no se han alarmado en exceso. Tras semanas de tensión muy aguda en la primavera —cuando el crudo llegó a dispararse—, los precios se han relajado y rondan niveles más bajos, en torno a los 70 dólares el barril, según CNBC. El alivio coincide con los contactos diplomáticos entre Estados Unidos e Irán de las últimas semanas. La conclusión: Ormuz sigue siendo el gran punto de fricción del Golfo, pero hoy pesa más la negociación que la amenaza. Habrá que seguir vigilándolo.