El yen, en mínimos de casi 40 años

El yen japonés ha caído hasta su nivel más débil frente al dólar desde 1986, al rondar los 161 yenes por dólar, según CNBC. Es decir, hace falta cada vez más yenes para comprar un dólar: una depreciación que se prolonga y que coloca a la divisa nipona en cifras que no se veían en casi cuatro décadas.

Por qué cae

La causa principal es la enorme diferencia de tipos de interés entre Japón y Estados Unidos. La Reserva Federal mantiene tipos altos, mientras que el Banco de Japón los conserva muy bajos, cerca de cero. Esa brecha hace que el dinero huya del yen en busca de la mayor rentabilidad que ofrecen el dólar y la deuda estadounidense. Es el caldo de cultivo del llamado carry trade: pedir prestado barato en yenes para invertir en activos que rentan más fuera.

El «riesgo de intervención»

Cuanto más cae el yen, más crece la expectativa de que las autoridades japonesas intervengan: es decir, que compren yenes en el mercado para sostener su valor. Japón ya recurrió a esa herramienta en años recientes, gastando enormes sumas, con un efecto limitado mientras no cambie la política de tipos. De ahí la tensión en los mercados: una intervención sorpresa podría provocar un repunte brusco del yen y obligar a deshacer posiciones a toda prisa.

Ganadores y perdedores

Un yen débil no es solo malo. Abarata las exportaciones japonesas —coches, electrónica— y dispara el turismo: viajar a Japón sale baratísimo, lo que explica el récord de visitantes del país. La otra cara es que encarece las importaciones —energía, materias primas, alimentos—, y eso lo acaban pagando los hogares japoneses. Mientras EE.UU. mantenga tipos altos y Japón no pueda subirlos sin frenar su economía, la presión sobre el yen seguramente continuará.