La mayor salida a bolsa de la historia
SpaceX, la empresa aeroespacial fundada por Elon Musk, ha hecho lo que durante años se daba por improbable: salir a bolsa. Lo hizo el 12 de junio en el Nasdaq, bajo el símbolo SPCX, con una operación que, según CNBC, recaudó cerca de 75.000 millones de dólares: la mayor oferta pública inicial de la historia. La valoración de partida rondaba los 1,77 billones de dólares, situándola de golpe entre las mayores compañías cotizadas del mundo.
Un estreno eufórico... y volátil
El debut fue espectacular: la acción se disparó un 19% en su primera sesión, hasta unos 161 dólares desde el precio de salida de 135, como detalló CNBC. Pero la euforia dio paso a la montaña rusa: en sesiones posteriores el valor llegó a caer en torno a un 16% en un solo día, devolviendo buena parte de las ganancias iniciales. Una volatilidad típica de una salida tan sonada y con tan pocas acciones en circulación.
La entrada en los índices
Más allá del precio, lo relevante a medio plazo es que SpaceX está siendo incorporada a los grandes índices bursátiles —como el Russell 1000 y el Nasdaq-100—, lo que obliga a los fondos que replican esos índices (planes de pensiones, fondos indexados) a comprar sus acciones. El S&P 500, en cambio, ha optado por no acelerar su entrada y mantener sus requisitos habituales de beneficios y antigüedad. Esa demanda «automática» es uno de los factores que mueven la cotización.
Por qué importa: Starlink
Detrás del atractivo de SpaceX está, sobre todo, Starlink, su red de internet por satélite, que se ha convertido en su gran motor de ingresos con millones de clientes en todo el mundo. Esa es a la vez su fortaleza y su riesgo: una parte muy grande del negocio depende de una sola línea. La salida a bolsa da a la compañía acceso a capital para financiar sus cohetes y la expansión de Starlink, pero también la somete al escrutinio diario de los mercados. El viaje en bolsa de SpaceX, en todo caso, no ha hecho más que empezar.



