Dos maneras de acampar
Acampar sigue siendo uno de los planes de verano más económicos y al aire libre, y Málaga permite vivirlo de dos formas muy distintas. Por un lado, el cámping de costa, a pie de playa en la Costa del Sol; por otro, el cámping de interior, tierra adentro, junto a ríos y embalses. Elegir entre uno y otro depende, sobre todo, de qué se busque: chiringuito y baño en el mar, o naturaleza y tranquilidad.
A pie de Mediterráneo
La franja costera malagueña concentra cámpings frente a la playa, muchos con parcelas a la sombra de pinos, bungalós, piscina y servicios completos. Zonas del litoral oriental como Benajarafe o Almayate (en el entorno de Vélez-Málaga) reúnen varias de estas instalaciones, con la ventaja del acceso directo al mar y la cercanía de pueblos costeros. Su gran inconveniente: en julio y agosto se llenan, suben los precios y escasean las plazas.
Tierra adentro, junto al agua
A menos de una hora de la costa, el interior ofrece otra experiencia. El entorno del embalse del Conde de Guadalhorce, cerca del célebre Desfiladero de los Gaitanes (el del Caminito del Rey), permite acampar entre paredes de roca y agua dulce, con opciones de senderismo y deportes acuáticos como el kayak o el pádel surf. La comarca de la Axarquía suma alternativas junto a ríos y pantanos, rodeadas de monte mediterráneo, para quienes prefieren huir del bullicio.
Consejos para acertar
Unas pocas claves ayudan a no llevarse sorpresas. Reserva con antelación si vas en plena temporada alta (julio-agosto); en junio y septiembre hay más sitio y mejores precios. Elige según el plan: las familias suelen preferir los cámpings de costa, con más servicios, y las parejas o grupos, la calma del interior. Conviene consultar la información de turismo del municipio y, si el cámping está aislado, abastecerse en el pueblo más próximo antes de instalarse. Con un mínimo de previsión, la provincia da para un verano entero bajo las estrellas.



