Un acuerdo... con la ofensiva en marcha
Estados Unidos anunció el 26 de junio un acuerdo marco entre Israel y Líbano, fruto de varias rondas de negociación en Washington, según Al Jazeera. El pacto plantea un camino hacia el fin del conflicto: el desarme de Hezbolá, la retirada gradual de las fuerzas israelíes del sur del Líbano y la recuperación del control por parte del Estado libanés. Pero, pese a la firma, los ataques israelíes sobre el sur del país continuaron en los días siguientes, como informó CNN.
La condición de Netanyahu
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, presentó el acuerdo como un «logro histórico», pero dejó clara una condición: Israel no se retirará de inmediato. Su Ejército permanecerá en la «zona de seguridad» del sur libanés «mientras Hezbolá no se desarme y mientras exista una amenaza» para Israel. El marco, de hecho, no fija un calendario cerrado de retirada, sino un repliegue progresivo condicionado a ese desarme.
El rechazo de Hezbolá
El gran escollo es que Hezbolá —la organización político-militar respaldada por Irán— no participó en las negociaciones y ha rechazado el acuerdo, en especial el vínculo entre la retirada israelí y su propio desarme. Sin la milicia, que mantiene una fuerte presencia en el sur, muchos analistas dudan de que el pacto pueda traducirse en una paz duradera. También desde el ala más dura del Gobierno israelí han llegado críticas al acuerdo.
Un alto el fuego frágil
El marco intenta consolidar un alto el fuego que venía arrastrándose desde meses atrás, pero que ha sido frágil, con acusaciones mutuas de incumplimiento. El conflicto entre Israel y Hezbolá ha dejado un elevado número de víctimas en territorio libanés y una grave destrucción. La firma de un papel, como recuerda la propia evolución de estos días, no detiene por sí sola los combates: el futuro del acuerdo dependerá de si las partes —empezando por una Hezbolá que lo rechaza— deciden cumplirlo.



