Ante la estantería del supermercado, mucha gente elige el huevo marrón convencida de que es más "natural" o de mejor calidad que el blanco. Es un mito, y de los más extendidos. Como explica elDiario.es, el color de la cáscara no dice absolutamente nada de lo que importa.
El color lo pone la gallina, no la calidad
La razón es pura genética: el color de la cáscara depende de la raza de la gallina, y de nada más. Ni de su alimentación, ni de cómo se ha criado, ni de si el huevo es "mejor". Hay razas que ponen huevos blancos y otras que los ponen marrones, y ahí acaba la historia. Pagar más por un huevo marrón es, en el fondo, pagar por el color de una gallina.
Nutricionalmente, lo mismo
Tampoco hay una diferencia nutricional relevante entre uno y otro. Lo que cambia el valor del huevo no es el color, sino qué ha comido la gallina: una alimentada con una buena dieta pondrá huevos de mejor perfil nutritivo, sea la cáscara del color que sea. Un huevo blanco de una gallina bien alimentada puede ser "mejor" que uno marrón de otra que no lo está.
Lo que sí conviene mirar: el código
La información útil está impresa en la propia cáscara. El primer dígito de ese código indica el sistema de cría, es decir, cómo vivió la gallina:
- 0: producción ecológica.
- 1: gallinas camperas (con acceso al aire libre).
- 2: gallinas criadas en el suelo (en nave, sin jaula, pero sin salida al exterior).
- 3: gallinas en jaula.
Ese número sí marca una diferencia real, tanto de bienestar animal como, en parte, del entorno en que se produjo el huevo. Si a alguien le importa cómo se ha criado la gallina, ahí es donde tiene que mirar, no en el color.
Y la frescura
El otro factor que de verdad cuenta es la frescura. Un huevo reciente tiene la clara más densa y la yema más firme, y se nota en la cocina. La fecha de consumo preferente manda mucho más que el tono de la cáscara.
En resumen
Al comprar huevos, olvide el color: es solo el aspecto de la gallina. Fíjese en el primer número del código (según el tipo de cría que prefiera) y en la fecha. Todo lo demás, en el caso del blanco contra el marrón, es una batalla de apariencias que no cambia lo que se lleva a casa.



