Un ganadero de Campezo, en Álava, revisó las imágenes de su cámara de fototrampeo y se encontró con algo que en el País Vasco no se veía desde hacía más de un siglo: un lince ibérico. Lo recoge Xataka, y el hallazgo, del pasado diciembre, es mucho más que una anécdota naturalista.

De casi desaparecer a más de 2.700

Para entender por qué importa, hay que mirar de dónde viene el lince. A principios de los años 2000, quedaban menos de cien ejemplares en toda la península: era, sin exagerar, uno de los felinos más amenazados del mundo. Hoy, gracias a los programas de cría en cautividad y a las reintroducciones en Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura, la población supera los 2.700 ejemplares (el último censo oficial da más de 2.660), con un crecimiento cercano al 11% en un solo año.

Esa recuperación ha tenido reflejo internacional: la UICN llegó a rebajar en 2024 la categoría de amenaza de la especie, de "en peligro" a "vulnerable", un cambio poco frecuente y que se lee como un éxito de conservación.

Qué hacía un lince tan al norte

La pregunta que da título a la información original es buena: ¿qué hace un lince en Álava, tan lejos de sus núcleos del sur? La respuesta está en el propio éxito del programa. El ejemplar avistado llevaba collar de radioseguimiento, y los datos mostraban que se había desplazado desde el sur peninsular recorriendo alrededor de 25 kilómetros diarios en dirección norte.

No es un caso aislado ni un despiste. Cuando una población crece, los ejemplares jóvenes se ven empujados a dispersarse para buscar territorio y presas propias, sobre todo conejo de monte, su alimento principal. Ese impulso natural es el que lleva a algunos individuos a cruzar comarcas enteras y aparecer donde no se los esperaba.

Lo que significa (y lo que no)

Conviene no sobreinterpretar un único avistamiento: que un lince pase por Álava no quiere decir que la especie se haya asentado allí. Lo que sí demuestra es que el área de distribución se está expandiendo sola, más allá de los puntos donde se soltaron los primeros animales.

Y deja una lección que va más allá del lince: una especie que hace veinte años se daba casi por perdida hoy vuelve a moverse por territorios de los que había desaparecido. La extinción, cuando hay financiación sostenida y trabajo coordinado, no siempre es un final escrito.