Un récord en Sotheby's
La paleontología tiene una nueva cifra de récord. Un esqueleto de Tyrannosaurus rex apodado Gus se ha vendido por 50,13 millones de dólares en la casa de subastas Sotheby's de Nueva York, convirtiéndose en el fósil de dinosaurio más caro jamás rematado, según informó CNN. La puja superó ampliamente las estimaciones previas, que situaban su valor entre los 20 y los 30 millones.
El ejemplar debe su nombre a Gary "Gus" Licking, el ganadero de Dakota del Sur en cuyas tierras se halló el fósil. La venta pulveriza el anterior récord: un esqueleto de estegosaurio llamado Apex que el multimillonario Ken Griffin compró por 44,6 millones de dólares en 2024.
Uno de los T. rex más completos
Gus no es un fósil cualquiera. Con unos 67 millones de años, mide alrededor de 11,6 metros de largo y 3,8 de alto, y conserva 183 huesos, lo que equivale a en torno al 61% del esqueleto por número de piezas. Esa integridad lo sitúa entre los ejemplares de Tyrannosaurus rex más completos jamás encontrados, con un cráneo de casi metro y medio que impresiona por sus dimensiones.
El debate: ¿ciencia o coleccionismo?
La operación ha reavivado una vieja polémica. Muchos paleontólogos advierten de que los fósiles que acaban en manos privadas quedan, de hecho, fuera del alcance de la investigación: las principales revistas científicas no publican estudios sobre especímenes privados, al no garantizarse su acceso y conservación a largo plazo. Un ejemplar tan completo como Gus habría sido, dicen, una mina de datos para la comunidad científica.
Los defensores de las subastas replican que sin el incentivo económico muchos fósiles ni siquiera llegarían a excavarse, y que buena parte de los grandes museos nacieron de colecciones privadas. El comprador de Gus no ha trascendido, algo habitual en este tipo de ventas.
Un mercado de multimillonarios
El caso confirma una tendencia que preocupa al mundo académico: los precios de los grandes fósiles se han disparado hasta cifras que dejan fuera del mercado a los museos públicos, incluso a los más prestigiosos. Entre la preservación del patrimonio y su conversión en objeto de lujo, la paleontología afronta un dilema que el martillo de Sotheby's no ha hecho más que agrandar.



