Qué es la senda de estabilidad
La senda de estabilidad presupuestaria fija los objetivos de déficit público y deuda que deben cumplir el Estado, las comunidades autónomas y los ayuntamientos. No es el presupuesto en sí, sino el paso previo imprescindible para que el Gobierno pueda presentar sus cuentas anuales. En esta ocasión, la propuesta del Ejecutivo planteaba un objetivo de déficit del 1,8% del PIB para 2027, el 1,6% para 2028 y el 1,5% para 2029.
Una derrota parlamentaria
El Congreso rechazó esos objetivos este martes con 178 votos en contra, 174 a favor y cinco abstenciones, según recogió elDiario.es. El bloque del "no" lo formaron PP, Vox, Junts y UPN, mientras que Podemos y Compromís optaron por la abstención, como detalló Público.
La votación volvió a exhibir la aritmética adversa a la que se enfrenta el Gobierno, sin una mayoría clara que le garantice sacar adelante sus grandes iniciativas económicas. Ni siquiera las concesiones previas a Junts sirvieron para arrancar su apoyo en esta ocasión.
Qué pasa ahora
El rechazo no detiene el proceso, pero lo complica. El Ejecutivo dispone de un plazo para volver a presentar la senda, y Hacienda ya ha anunciado que la llevará de nuevo al Consejo de Ministros para intentar aprobarla en torno al 23 de julio. El problema es que, salvo un giro de alguno de los grupos, la nueva votación se encamina a un resultado idéntico.
El trasfondo es más profundo: sin una senda aprobada, la tramitación de los Presupuestos Generales del Estado de 2027 queda en el aire, una derrota que el propio Gobierno daba por descontada. El escenario más probable, de mantenerse el bloqueo, es una prórroga presupuestaria, que limitaría el margen de gasto e inversión del Ejecutivo y de las comunidades autónomas.
Un pulso que marca la legislatura
La votación confirma que el pulso presupuestario será uno de los grandes ejes de la legislatura. El Gobierno insiste en que presentará las cuentas dentro de los plazos habituales, pero la realidad del hemiciclo apunta a una negociación cuesta arriba con unos socios cada vez más exigentes y una oposición que no ofrece resquicios en materia económica.



