El peor trimestre en seis años

El petróleo se ha desinflado. El Brent —la referencia europea— y el WTI estadounidense cierran el segundo trimestre de 2026 con caídas cercanas al 30%, el mayor retroceso trimestral desde 2020, el año de la pandemia. El barril de Brent ronda los 73-74 dólares y el WTI se mueve en torno a los 70, según CNBC. Un giro radical respecto a la tensión de la primavera, cuando el crudo llegó a dispararse.

Por qué baja

Las razones encajan con lo que ya se apuntaba hace semanas. La principal es la normalización del Estrecho de Ormuz: el tráfico de petroleros ha vuelto a niveles altos tras la distensión en Oriente Medio, lo que libera crudo que el mercado temía ver bloqueado. A ello se suma la relajación de la tensión entre Estados Unidos e Irán —con contactos diplomáticos en marcha— y la sensación, cada vez más extendida, de que hay más oferta que demanda. Cuando el miedo a una crisis de suministro se desvanece, la prima de riesgo que engordaba el precio se evapora.

Qué gana España

Para una economía como la española, muy dependiente del petróleo importado, un crudo barato son buenas noticias. Lo más visible llega al surtidor: la gasolina y el diésel han empezado a bajar en las últimas semanas, según El Observador. Eso sí, con paciencia: el abaratamiento no es inmediato.

El «efecto pluma»

Existe un desfase conocido entre lo que baja el barril y lo que baja el surtidor —el llamado «efecto pluma»: los precios suben rápido cuando el crudo se encarece, pero tardan más en bajar. Las gasolineras aún despachan combustible comprado semanas atrás a precios más altos, así que el alivio completo se nota a medida que renuevan existencias. Más allá del depósito, un petróleo más barato ayuda a contener la inflación, otro respiro para los hogares. La incógnita ahora es si la calma geopolítica se consolida; de momento, el mercado apuesta por precios contenidos.