Un rey con gusto por lo exótico

Hay palacios que guardan secretos en sus piedras. El Palacio Real de Olite, en la localidad navarra del mismo nombre, esconde uno especialmente singular: durante el siglo XV, sus jardines colgantes fueron hogar de una colección de animales que habría dejado boquiabierto a cualquier viajero medieval.

El protagonista es Carlos III de Navarra, llamado «el Noble», monarca que reinó entre finales del siglo XIV y principios del XV y que convirtió Olite en una corte a la altura de las grandes capitales europeas. Inspirándose en los palacios franceses, transformó la vieja fortaleza en un complejo de torres, salones, baños y jardines sin igual en la Península.

Leones, búfalos y una jirafa en plena Navarra

Entre sus muros convivían animales llegados de los confines del mundo conocido. Según relata elDiario.es, había un león, búfalos, un camello, papagayos y hasta una jirafa, animal que en aquella época resultaba casi mitológico para los europeos. Estos jardines de fieras privados eran un símbolo de poder entre la nobleza medieval: traer un animal imposible desde el otro extremo del mundo era la mejor carta de presentación para un rey que quería ser tomado en serio.

Caída y resurrección

El esplendor duró lo que duraron los reyes navarros. Tras la conquista de 1512, el palacio entró en declive, y en 1813 las tropas napoleónicas en retirada lo incendiaron. La recuperación llegó en el siglo XX: declarado Monumento Nacional en 1925, fue restaurado a partir de los años treinta y hoy es uno de los monumentos más visitados de Navarra.

Cómo visitarlo hoy

Olite está en la Zona Media de Navarra, a unos 40 kilómetros al sur de Pamplona, con parada de tren en la línea hacia Zaragoza. El recinto permite subir a sus torres y asomarse a los viñedos de la llanura. El verano es la mejor época: el palacio acoge el Festival de Teatro Clásico de Olite y, en agosto, unas espectaculares Fiestas Medievales. Quien quiera dormir entre historia puede hacerlo en el Parador instalado en el Palacio Viejo, justo donde hace seis siglos rugía un león bajo los jardines colgantes de un rey con imaginación.