Donostia/San Sebastián y Hondarribia, dos de los destinos más codiciados del País Vasco, están replegando su maquinaria de promoción turística. El giro, adelantado por El Diario Vasco, supone abandonar la lógica de «cuantos más visitantes, mejor» para abrazar un modelo centrado en el equilibrio entre residentes y turistas, después de años de presión creciente sobre el casco urbano.

De atraer visitantes a gestionarlos

Durante la última década, la capital guipuzcoana ha vivido un auténtico boom turístico, con un fuerte aumento de la ocupación hotelera y de los alojamientos de gama media-alta. El malestar vecinal ha ido en paralelo: las protestas contra la masificación se han hecho habituales y las encuestas reflejan una percepción extendida de saturación entre los más jóvenes.

La respuesta institucional se articula ahora en torno a un nuevo modelo de gestión que, en lugar de centrarse en la promoción, apuesta por una gobernanza integral: reducir el número de viviendas turísticas, limitar el tamaño de los grupos en las visitas guiadas y fomentar la movilidad sostenible.

El cerrojo a hoteles y pisos turísticos

El paso más contundente llegó a comienzos de 2026. El Ayuntamiento donostiarra aprobó por unanimidad una modificación urbanística para «restringir al máximo» la concesión de nuevas licencias de alojamiento turístico, según Orain. La medida distingue zonas: en los barrios más saturados —Centro, Parte Vieja, Gros, Antiguo e Ibaeta— no se autorizarán nuevos hospedajes en parcelas residenciales.

El alcalde, Jon Insausti, advirtió de que las excepciones para edificios protegidos «serán bastante complejas», en una línea de contención que el consistorio ha ido reforzando con sucesivas moratorias a nuevos hoteles en el centro.

Hondarribia: equilibrio entre vecinos y visitantes

La villa amurallada de Hondarribia, joya medieval de Gipuzkoa, afronta un dilema similar. Las administraciones locales subrayan que gestionar el turismo no consiste solo en promocionarlo, sino en decidir qué modelo se quiere y buscar el equilibrio entre residentes y visitantes, midiendo su impacto en la convivencia y en el sector servicios.

Un debate que recorre toda España

El viraje guipuzcoano se enmarca en una contestación social que no deja de crecer. En el verano de 2025, miles de personas se manifestaron en Barcelona, Palma, Granada y la propia San Sebastián contra un modelo que, denuncian, expulsa a los vecinos de sus barrios y dispara el precio de la vivienda, según Infobae. En Canarias, las protestas llegaron a reunir a decenas de miles de personas en todas las islas.

Que dos destinos consolidados decidan ahora pisar el freno en su propia promoción ilustra un cambio de época: la sobreturistificación ha pasado de ser un activo económico a un problema de convivencia que los ayuntamientos ya no pueden ignorar.