El presidente de la Generalitat Valenciana, Juanfran Pérez Llorca (PP), afronta una negociación delicada. Para aprobar los presupuestos de 2026 necesita el voto de Vox, y el partido de Santiago Abascal ha decidido rentabilizar esa posición de socio imprescindible con un pliego de exigencias ideológicas que va mucho más allá de las cuentas, según ha adelantado elDiario.es.

Un socio necesario

El PP gobierna en la Comunidad Valenciana en minoría desde que Pérez Llorca sustituyó a Carlos Mazón al frente del Consell, y depende de Vox para reunir mayoría suficiente en Les Corts. Esa dependencia es la que Vox ha convertido en palanca: ha presentado un amplio paquete de enmiendas a los presupuestos en las que detalla, punto por punto, qué pide a cambio de su apoyo.

Las exigencias sobre inmigración: la "prioridad nacional"

La demanda más controvertida es la llamada "prioridad nacional": que en el acceso a vivienda protegida, ayudas sociales y servicios públicos se dé preferencia a quienes acrediten un arraigo prolongado en la región, con requisitos de años de residencia. Según Valencia Plaza, Vox plantea introducir ese criterio en varias leyes autonómicas, en el marco de un endurecimiento de la política migratoria.

Burka, aborto y educación

El pliego incluye otras medidas de fuerte carga simbólica que Vox liga a su respaldo presupuestario:

  • Un veto al burka y al niqab en espacios públicos (transporte, sanidad, centros educativos).
  • El reconocimiento del "derecho a la vida del no nacido" en la normativa de protección a la infancia, una fórmula alineada con sus posiciones sobre el aborto.
  • Cambios en los contenidos educativos para retirar referencias a lo que el partido denomina "ideología de género".

Conviene subrayar que se trata, de momento, de propuestas y enmiendas presentadas por Vox, no de medidas aprobadas.

La posición del PP

Pérez Llorca ha rebajado la tensión en público y se ha mostrado optimista sobre la aprobación de las cuentas, que da por hecha "con casi total seguridad", sin cerrar la puerta a negociar enmiendas concretas. El PP evita, sin embargo, comprometerse abiertamente con las demandas más polémicas de su socio, en un equilibrio habitual: necesita los votos de Vox para gobernar, pero trata de no asumir como propio todo su ideario.

Un pulso que se repite

El caso valenciano no es aislado. Reproduce la tensión que PP y Vox mantienen allí donde comparten gobierno o se necesitan mutuamente, con la ultraderecha empujando hacia posiciones más duras en inmigración, aborto o educación a cambio de estabilidad. La negociación de los presupuestos, con el debate de enmiendas previsto para las próximas semanas, marcará hasta dónde está dispuesto a llegar el PP valenciano para asegurarse las cuentas.