Venezuela vivió la tarde del 24 de junio uno de los episodios sísmicos más intensos de su historia reciente. Dos fuertes terremotos sacudieron el centro-occidente del país con apenas segundos de diferencia, en un fenómeno poco habitual que los sismólogos denominan «doblete sísmico».

Dos sacudidas casi simultáneas

Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), la primera sacudida tuvo una magnitud de 7,2 y fue seguida, en menos de un minuto, por una segunda aún más potente, de magnitud 7,5. Ambas se localizaron prácticamente en el mismo punto, en las inmediaciones de San Felipe, en el estado de Yaracuy, a profundidades relativamente someras. Esa combinación —dos rupturas grandes y casi consecutivas— explica la enorme energía liberada y lo amplio de su percepción.

La discrepancia inicial en las cifras (algunos primeros avisos hablaban de 7,1) se debió a las mediciones preliminares, corregidas después por los servicios sismológicos. La zona, situada en el límite entre la placa caribeña y la sudamericana, es una de las más activas tectónicamente del continente.

Sentido en Caracas y en países vecinos

Aunque el epicentro se situó lejos de la capital, el temblor se percibió con claridad en Caracas, donde se reportaron daños en edificios, cortes de electricidad e interrupciones en las comunicaciones, según CBS News. Las sacudidas también se sintieron en el norte de Colombia, en zonas de Brasil y en varias islas del Caribe.

La magnitud activó alertas de tsunami para Puerto Rico, las Islas Vírgenes estadounidenses, Aruba, Curazao, Bonaire y República Dominicana, que fueron canceladas poco después al confirmarse que no se generaban olas peligrosas.

Un balance que se dispara: cerca de un millar de muertos

Lo que arrancó como un primer recuento de unas decenas de fallecidos se ha convertido en una de las mayores catástrofes naturales de la historia reciente del país. Dos días después de las sacudidas, el balance oficial roza ya el millar de muertos, con más de 3.360 heridos y unas 172 personas atrapadas bajo los escombros, según recogió 20minutos. La zona costera de La Guaira, una de las más golpeadas, concentra buena parte de los derrumbes.

Cinco españoles muertos y una familia gallega sin localizar

La tragedia tiene también una dimensión española. Según El Mundo, cinco ciudadanos españoles han fallecido en los terremotos, mientras que más de un centenar permanecen sin localizar —entre ellos una familia gallega— y varios continúan bajo los escombros. El Ministerio de Asuntos Exteriores y el consulado trabajan para localizar a los españoles residentes en las zonas afectadas, en un país que alberga una amplia comunidad de origen español y donde viven numerosos emigrantes y descendientes.

La ONU teme más de 50.000 desaparecidos

La cifra más estremecedora no es la de fallecidos confirmados, sino la de personas en paradero desconocido. El responsable de Asuntos Humanitarios de la ONU, Tom Fletcher, estimó que más de 50.000 personas podrían estar desaparecidas, una cifra que la propia organización presenta como una estimación provisional y no como un recuento oficial. Según los registros manejados, decenas de miles de personas habían sido reportadas sin contacto con sus familias al cierre del viernes.

El enorme abismo entre los muertos confirmados y los desaparecidos se explica, en buena parte, por la crisis humanitaria previa que arrastra el país: infraestructuras debilitadas, apagones, fallos de comunicación y dificultades para registrar a las víctimas en las zonas más afectadas. Las autoridades piden cautela con las cifras, que podrían variar de forma drástica conforme avancen las labores de rescate.

Despliegue internacional

Casi 48 horas después de los seísmos —los más potentes registrados en Venezuela desde 1900—, equipos de búsqueda y rescate de al menos 17 países se han movilizado para ayudar, con efectivos de países latinoamericanos y europeos sobre el terreno o en camino. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ofreció ayuda en un gesto inusual entre dos gobiernos enfrentados. Las próximas horas, con el acceso de los equipos a las zonas aisladas, serán decisivas para acotar el verdadero alcance de la tragedia.