Un directivo al frente de una gran empresa del Ibex 35 cobró en 2024 lo mismo que 74,5 de sus propios empleados juntos. Es la principal conclusión del informe anual sobre buen gobierno en el selectivo español que elaboran CCOO y la Fundación 1 de Mayo, y supone un nuevo repunte respecto a las 73,4 veces de 2023, rompiendo dos años de ligera contracción.

Las cifras de la brecha

La remuneración media de los primeros ejecutivos de las 35 empresas del índice se situó en unos 4,7 millones de euros en 2024, frente a un salario medio de las plantillas en torno a los 45.000 euros anuales en conceptos retributivos. La cúpula del Ibex, en conjunto, ingresó alrededor de 160 millones, en torno a un 7-8% más que el año anterior.

El reparto, además, es muy desigual entre compañías. Según el informe recogido por elDiario.es, Inditex encabeza la brecha con una ratio cercana a las 295 veces —influida por una plantilla con mucho empleo de tienda en países de costes bajos—, seguida de Banco Santander, Puig, Iberdrola y Telefónica, todas por encima de las 160 veces. En el extremo opuesto, empresas como Solaria o Aena presentan ratios de apenas unas pocas veces.

Lejos del récord, pero al alza

El dato de 2024 es elevado, aunque queda por debajo del máximo de la serie, que el informe situó en torno a las 125 veces en 2017. Desde entonces la tendencia había sido descendente, con oscilaciones. El repunte de este ejercicio indica que las retribuciones de la dirección crecen más deprisa que las de la base, pese al aumento del empleo en el conjunto del Ibex y a las subidas del salario mínimo. Los beneficios de las empresas del índice, recuerda el estudio, también crecieron con fuerza en 2024.

El debate de fondo

Los sindicatos llevan años advirtiendo de que la transparencia obligatoria —las empresas deben publicar estas remuneraciones en los informes que remiten a la CNMV— no basta por sí sola para corregir la tendencia, y reclaman que los comités de retribuciones incorporen criterios de equidad interna. Desde el lado empresarial se argumenta que la competencia global por el talento directivo eleva inevitablemente los paquetes de los primeros ejecutivos, que combinan salario fijo, bonus y acciones. El resultado es una brecha que, aun lejos de su máximo, vuelve a ensancharse justo cuando la distribución de la riqueza gana peso en el debate público.