Un ocupado español puede figurar trabajando 32 horas semanales en una tabla del INE y casi 38 en otra del mismo organismo. No hay contradicción: son dos formas distintas de contar. Y de esa diferencia nace buena parte de la confusión que rodea uno de los grandes debates laborales del país.
El mismo trabajador, dos cifras distintas
La Encuesta de Población Activa (EPA) distingue entre las horas que los ocupados trabajan "de media" —incluyendo a quienes esa semana estaban de vacaciones, de baja o de puente— y las que efectivamente realizan quienes sí prestaron servicio. La primera cifra ronda las 31,7 horas semanales; la segunda sube con claridad, hasta situarse en torno a las 34 horas para las mujeres y por encima de las 38 para los hombres.
Esa horquilla de varias horas con los mismos datos del INE es el corazón del espejismo: la sensación de que antes se trabajaba más —o menos— según qué cifra se agarre y con qué criterio se haya medido.
Lo que dice la comparación europea
Cuando se compara entre países, la referencia es Eurostat, que aplica una metodología homogénea. En 2024 situó a España en 36,4 horas semanales, cuatro décimas por encima de la media de la UE-27 (36 horas). Por encima quedaban países como Grecia, que encabeza la tabla con casi 40 horas, y por debajo, los Países Bajos, con poco más de 32. España, por tanto, ni trabaja tan poco como sugieren algunos titulares ni tanto como se pintaba en otras épocas.
El ruido de los cambios metodológicos
A la diferencia entre fuentes se suma el efecto de los cambios técnicos. En 2021 el INE actualizó la EPA para adaptarla al nuevo censo de población, lo que provocó una ruptura de la serie: comparar datos anteriores con posteriores exige cautela, porque no cambió el mercado laboral, cambió el patrón con el que se mide.
La pandemia añadió otra capa. Aumentó la proporción de ocupados que declaran estar "de vacaciones" o ausentes en la semana de referencia, lo que rebaja de forma artificial la media de horas efectivas del conjunto. Y las distintas operaciones estadísticas no siempre coinciden: la encuesta que pregunta a los trabajadores (EPA) y la que se nutre de datos de las empresas pueden ofrecer fotos distintas del mismo mercado.
Por qué importa: el debate de las 37,5 horas
Esta niebla no es inocua, porque es el telón de fondo del pulso político más relevante del mercado laboral reciente: la propuesta del Gobierno de reducir la jornada máxima legal de 40 a 37,5 horas semanales sin recorte salarial. La iniciativa, impulsada por el Ministerio de Trabajo, no logró salir adelante en el Congreso, donde fue rechazada con los votos de PP, Vox y Junts; el máximo legal sigue siendo, por ahora, las 40 horas del Estatuto de los Trabajadores.
El choque de argumentos tiene mucho que ver con los datos que cada parte elige. Los defensores de la reducción sostienen que la productividad ha crecido más que los salarios y que las jornadas más cortas no restan competitividad; los detractores, encabezados por la patronal, alertan de costes para las pymes y rechazan imponerla sin acuerdo social. Ambos bandos manejan cifras que, según la fuente, cuentan historias diferentes.
Leer la letra pequeña
El problema de fondo no es que los datos mientan, sino que son más complejos de lo que cabe en un titular. Cuando alguien afirma que "los españoles trabajan menos que nunca", conviene preguntar: ¿horas efectivas o habituales? ¿Solo quienes trabajaron esa semana o todos los ocupados? ¿Qué fuente, y antes o después del cambio de serie de 2021? Las estadísticas laborales son instrumentos de precisión: usarlas sin leer la letra pequeña no informa, confunde.



