Este fin de semana, las inmediaciones de la Tierra recibirán la visita de un viejo conocido de los astrónomos: el asteroide 152637 (1997 NC1), una roca de unos 440 metros de diámetro —la longitud de cuatro campos de fútbol en fila— que protagonizará el mayor acercamiento de la semana. Y, conviene decirlo desde el principio, sin ningún peligro para el planeta.
A casi siete veces la distancia de la Luna
Según los datos del Centro de Coordinación de Objetos Próximos a la Tierra de la ESA y del CNEOS de la NASA, el 1997 NC1 alcanzará su punto más cercano el viernes 27 de junio, cuando pase a unos 2,57 millones de kilómetros de la Tierra. Esa distancia equivale a unas 6,7 veces la que nos separa de la Luna: un margen amplísimo en términos de seguridad planetaria.
El asteroide fue descubierto en 1997 y desde entonces su órbita está perfectamente determinada gracias a casi tres décadas de observaciones. No figura en ninguna lista de objetos de riesgo de impacto.
Sin alarma: un sobrevuelo de rutina
Tanto la NASA como la ESA coinciden en que se trata de un sobrevuelo seguro. Este tipo de pasos cercanos son más frecuentes de lo que el público imagina: solo esta semana, varios asteroides cruzarán las cercanías de la Tierra, la mayoría mucho más pequeños —de unos pocos a unas decenas de metros—. Lo que distingue al 1997 NC1 es su tamaño: con sus 440 metros, es con diferencia el de mayor envergadura del grupo, aunque ninguno representa amenaza alguna.
¿Se podrá ver?
A simple vista, no: el asteroide no emite luz propia y, por su distancia y tamaño, su brillo resultará demasiado tenue para el ojo humano. Los aficionados con telescopios de cierta apertura y cámara podrían intentar localizarlo conociendo sus coordenadas exactas, que ofrecen en tiempo real las herramientas de la NASA y la ESA.
Más allá del espectáculo, estos sobrevuelos son un recordatorio útil: el sistema solar está más poblado de lo que parece, y los programas de vigilancia de asteroides cumplen su función de tenerlos a todos bajo control.



