Las vacaciones se han convertido en la última trinchera del presupuesto familiar. Los españoles han recortado en muchas partidas durante los últimos años de precios al alza, pero el viaje de verano resiste como casi ningún otro gasto. Lo que cambia, y mucho, es cómo se vive ese viaje una vez con la maleta hecha.

El viaje no se toca

Según el Observatorio Cetelem, el 75% de los españoles tiene intención de irse de vacaciones este verano. Es un dato alto, aunque baja tres puntos respecto a 2025. Entre quienes renuncian al viaje, el motivo dominante es económico: el 65% asegura que su situación no se lo permite, tres puntos más que el año anterior, y casi una cuarta parte señala directamente el encarecimiento del alojamiento como barrera.

Que el viaje aguante no significa que la inflación no apriete. El 40% de los consumidores identifica la subida de precios como el principal condicionante de sus decisiones de gasto, y el alojamiento medio previsto ya roza los 611 euros por persona, un 6% más que el verano pasado. El transporte se dispara aún más, un 12% interanual hasta los 263 euros. El presupuesto total estimado por viajero ronda los 1.481 euros, según la misma encuesta.

Mismo viaje, otra forma de gastarlo

Aquí está la clave del cambio de comportamiento. Entre los que sí viajan, la mitad (50%) prevé gastar lo mismo que el año pasado, un 29% más y un 21% menos, tres puntos por encima del año anterior. Ese 21% que recorta es la cara visible de una estrategia generalizada: mantener la escapada, pero sujetar el desembolso diario.

El recorte se nota sobre todo en destino. Comer fuera sigue siendo la actividad estrella del viajero español (64%, según Cetelem), pero cada vez más familias deciden cuándo y cuánto. La nevera portátil con el bocadillo en la playa, el desayuno en el apartamento en lugar de la cafetería o la cena de supermercado son gestos cotidianos que sustituyen comidas de restaurante que pueden multiplicar el coste de una jornada. No se renuncia al sol y la arena; se renuncia al menú de 25 euros por cabeza.

Las estrategias de ahorro previo también se consolidan. Datos recogidos por Hosteltur apuntan a que cerca de una cuarta parte de los viajeros elige destinos más baratos y casi uno de cada cinco necesita ahorrar con antelación antes de salir.

España, más cerca y más barata

La geografía del verano también se reordena por el bolsillo. El turismo nacional sube al 74% de las preferencias, y entre los menores de 34 años el giro es más brusco: un 71% planea quedarse exclusivamente dentro de España, frente al 55% del año anterior, según Hosteltur. La playa nacional, con un 69% de adeptos, gana frente al billete de avión al extranjero.

Un consumo turístico que sigue al alza

El contexto macro confirma que el turismo no se enfría: la Encuesta de Gasto Turístico (EGATUR) del INE registró en abril un gasto de los turistas internacionales de 11.686 millones de euros, un 7,4% más. Conviene matizar que esa cifra mide a quien visita España desde fuera, no al residente; pero dibuja un sector en expansión y unos precios al alza que el viajero local sufre en el mismo chiringuito.

Consejos para mantener el plan sin disparar la factura

  • Reserva con margen. El alojamiento y el transporte concentran el grueso del coste y son los que más han subido; anticiparse suele abaratar.
  • Cocina en destino. Apartamentos con cocina o neveras portátiles permiten reservar las comidas fuera para una o dos ocasiones señaladas.
  • Compara destino nacional. La playa de proximidad evita el billete de avión y acorta los desplazamientos.
  • Fija un presupuesto diario. Saber cuánto se puede gastar por jornada evita el goteo de pequeños gastos que dispara la cuenta final.

El mensaje de fondo es claro: el español de 2026 ha decidido que las vacaciones son innegociables, pero el cómo se ha vuelto profundamente negociable.