Una apuesta de un millón de dólares

En 2007, Warren Buffett lanzó un reto público: estaba dispuesto a apostar un millón de dólares a que, en diez años, un sencillo fondo que se limitase a replicar el índice S&P 500 (las 500 mayores cotizadas de Estados Unidos) batiría a una cesta de hedge funds, esos fondos de gestión sofisticada y cara reservados a grandes patrimonios.

La firma Protégé Partners aceptó el envite y seleccionó cinco fondos de fondos de inversión libre. El periodo pactado fue del 1 de enero de 2008 al 31 de diciembre de 2017, y el dinero del premio se destinaría a obras benéficas.

Buffett ganó, y no fue ajustado

El resultado no dejó lugar a dudas. Según el balance recogido por la plataforma Long Bets y por medios como CNBC, el fondo indexado al S&P 500 acumuló una rentabilidad cercana al 125% en la década, mientras que la cesta de hedge funds se quedó en torno al 36% neto de comisiones. En términos anualizados, hablamos de alrededor de un 7% para el indexado frente a un escaso 2% para los gestores estrella.

La diferencia se explica en gran medida por los costes: comisiones de gestión, comisiones de éxito y comisiones del fondo de fondos que, año tras año, restan rentabilidad al inversor. Ted Seides, de Protégé, reconoció la derrota antes incluso de que terminara el plazo.

El consejo que Buffett repite una y otra vez

La apuesta no fue una ocurrencia aislada. En su carta a los accionistas de Berkshire Hathaway de 2013, Buffett explicó cómo había dejado dispuesta la herencia de su esposa: un 90% en un fondo indexado al S&P 500 de bajo coste y un 10% en deuda pública a corto plazo. Y añadió tres palabras que se han hecho célebres: «sugiero el de Vanguard».

La idea de fondo es sencilla: la mayoría de inversores no profesionales no debería intentar adivinar qué empresa ganará, sino poseer un trozo del conjunto de la economía y dejar que el tiempo y el interés compuesto hagan su trabajo, pagando lo mínimo en comisiones.

Cuánto ha rendido históricamente (con todas las cautelas)

A muy largo plazo, el S&P 500 ha ofrecido una rentabilidad media cercana al 10% anual nominal con dividendos reinvertidos, según datos recopilados por Fidelity. Pero ese 10% es una media histórica, no una promesa: varía enormemente según el periodo, hay años de fuertes caídas y, descontada la inflación, la cifra real ronda más bien el 6-7%.

Conviene insistir: esto es educación financiera, no una recomendación de inversión. Rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras, invertir en bolsa implica asumir el riesgo de perder dinero, y cualquier decisión debería tomarse con un horizonte temporal amplio y, si hay dudas, con asesoramiento profesional. La gran enseñanza de Buffett no es una cifra mágica, sino una actitud: simplicidad, paciencia y obsesión por mantener bajos los costes.