Un país que llega tarde a la mesa
Quien visita España por primera vez suele toparse con la misma sorpresa: a las dos de la tarde aún se está comiendo, los restaurantes no llenan sus mesas para cenar hasta las nueve o las diez de la noche y la franja estrella de la televisión arranca pasadas las diez. No es desorden ni improvisación: es un horario social desplazado que tiene mucho que ver con lo que marcan los relojes.
Y los relojes españoles, conviene saberlo, van adelantados respecto al sol. Por su posición geográfica —prácticamente sobre el meridiano de Greenwich, igual que Portugal o Reino Unido—, a la España peninsular le correspondería el horario GMT (UTC). Sin embargo, el país funciona con la Hora Central Europea (CET, UTC+1), la misma que tienen lugares situados mucho más al este, como Berlín o Varsovia. El resultado es que el mediodía solar real llega bastante después de las doce que marca el reloj.
El decreto de 1940
El origen de ese desajuste está fechado. El 7 de marzo de 1940, el Boletín Oficial del Estado publicó una orden del régimen de Franco que adelantaba la hora legal en sesenta minutos, con efecto a partir del 16 de ese mismo mes. El texto justificaba la medida por «la conveniencia de que el horario nacional marche de acuerdo con los de otros países europeos» y la presentaba como provisional. Nunca se revocó, según recuerda Tiempo.com.
Durante décadas se ha repetido que aquel cambio fue un guiño simbólico del franquismo a la Alemania nazi. Conviene matizarlo: el astrónomo Pere Planesas, del Observatorio Astronómico Nacional, sostiene que esa lectura es un mito, porque España adelantó su hora en marzo de 1940 mientras Alemania no lo hizo hasta abril; al sumar Berlín su propia hora, la diferencia entre ambos países se mantuvo. En plena Segunda Guerra Mundial adelantar los relojes fue, además, una práctica común en toda Europa, como recoge Euronews. Fuera homenaje político o simple sintonía con el continente en guerra, el efecto fue el mismo.
La clave llegó después: terminado el conflicto, países del meridiano de Greenwich como Reino Unido regresaron a su hora natural, pero España —y también Francia— optó por conservar la Hora Central Europea por razones prácticas de transporte y comunicaciones en la Europa de posguerra.
De la hora oficial a la cena de las diez
Ese adelanto del reloj explica en parte por qué la vida social se corre hacia la noche. Si el sol marca un mediodía «real» más tarde, todo se desplaza con él: la comida se acerca a las tres en lugar de la una, y la cena, a las diez. A ese desfase astronómico se le sumó otra costumbre muy española, la jornada partida, con una larga pausa al mediodía que alarga la tarde laboral y empuja la última comida del día casi hasta la medianoche.
El debate de volver a Greenwich
La idea de atrasar los relojes una hora y recuperar el huso de Greenwich reaparece cada poco tiempo. En 2013 una subcomisión del Congreso aprobó un informe que calificaba de «anómala» la situación horaria española y recomendaba el cambio para favorecer la conciliación familiar y laboral, según recogió entonces la prensa y recuerda NPR. Asociaciones como la Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE) llevan años defendiendo lo mismo, y especialistas en cronobiología advierten de que la luz hasta tarde retrasa la producción de melatonina y, con ella, el sueño.
Pese a los informes y los debates parlamentarios, la decisión sigue aparcada. España continúa cenando de noche, fiel a un reloj que sigue, más de ochenta años después, una hora por delante de su propio sol.



