Alan Greenspan, que durante casi diecinueve años fue la figura más influyente de la economía estadounidense al frente de la Reserva Federal (Fed), murió el lunes 22 de junio de 2026 a los 100 años. Según confirmó CBS News, falleció en su domicilio por complicaciones derivadas de la enfermedad de Parkinson. La noticia la comunicó su esposa, la periodista de NBC News Andrea Mitchell.

Greenspan presidió el banco central de Estados Unidos entre 1987 y 2006, un mandato que abarcó las administraciones de cuatro presidentes de distinto signo: los republicanos Ronald Reagan, George H. W. Bush y George W. Bush, y el demócrata Bill Clinton. Esa longevidad lo convirtió, como recoge eldiario.es, en uno de los responsables de política monetaria más duraderos e influyentes de la historia del país.

Un bautismo de fuego y la "Gran Moderación"

Apenas dos meses después de tomar posesión del cargo, Greenspan tuvo que enfrentarse al "Lunes Negro" del 19 de octubre de 1987, cuando Wall Street se desplomó cerca de un 22% en una sola jornada. Su respuesta rápida, inyectando liquidez y transmitiendo calma a los mercados, cimentó una reputación que lo acompañaría durante el resto de su carrera.

Los años siguientes coincidieron con lo que los economistas bautizaron como la "Gran Moderación": un largo periodo de inflación contenida, crecimiento sostenido y revalorización bursátil. Bajo su batuta, Estados Unidos vivió una de las expansiones económicas más prolongadas de su historia. La prensa lo apodó "el maestro" y llegó a presentarlo casi como un oráculo cuyas crípticas comparecencias movían los mercados de todo el planeta.

"Exuberancia irracional"

En diciembre de 1996, en un discurso en Washington, Greenspan acuñó la que sería su frase más célebre al preguntarse cómo saber cuándo la "exuberancia irracional" había inflado en exceso el valor de los activos. La expresión, interpretada como una advertencia sobre la sobrevaloración de la bolsa en plena euforia de las puntocom, pasó a formar parte del vocabulario financiero universal.

Esa misma cautela retórica contrasta, según sus críticos, con la política de tipos de interés bajos que mantuvo durante buena parte de su mandato, una estrategia de dinero barato que muchos analistas consideran germen de los excesos posteriores.

El legado ensombrecido por 2008

Greenspan abandonó la Fed a comienzos de 2006 y dejó el relevo a Ben Bernanke. Apenas dos años después, el estallido de la crisis de las hipotecas subprime y el colapso financiero global de 2008 transformaron de raíz la valoración de su figura.

La comisión de investigación del Congreso (Financial Crisis Inquiry Commission) concluyó que entre los factores que desencadenaron la crisis estuvieron tanto su falta de actuación frente al comercio de productos respaldados por hipotecas de alto riesgo como su firme defensa de la desregulación del sector financiero. En una recordada comparecencia ante el Congreso en octubre de 2008, el propio Greenspan reconoció haber encontrado "un fallo" en su confianza en la capacidad de autorregulación de los mercados.

Con el paso de los años defendió su gestión y se quejó de ser víctima de una "historia revisionista", insistiendo en que sí había alertado sobre los riesgos del mercado inmobiliario. Sea cual sea el veredicto final, como subrayan las necrológicas de CNBC y NBC News, pocos banqueros centrales han concentrado tanto poder ni han dividido tanto a economistas e historiadores sobre su verdadero legado.