Ser tu propio banco

En el mundo de las criptomonedas hay una decisión previa a cualquier otra: dónde se guardan. Y ahí aparecen dos grandes caminos. El primero es dejarlas en una plataforma de intercambio (un exchange), que custodia los fondos por el usuario, como un banco con el dinero. El segundo es la autocustodia: un monedero (wallet) en el que es el propio usuario quien genera y guarda sus claves, sin intermediarios. En ese caso, como resume el dicho del sector, uno se convierte en su propio banco, con todo lo bueno y lo malo que eso implica, según analizaba Expansión.

Claves privadas y la "frase semilla"

Para entenderlo hay que conocer dos conceptos. Cada monedero tiene una clave pública, que funciona como un número de cuenta que se puede compartir para recibir fondos, y una clave privada, que es la que autoriza los movimientos y demuestra la propiedad. Quien controla la clave privada, controla las monedas.

Al crear un monedero de autocustodia, el usuario recibe una frase de recuperación o "frase semilla": entre 12 y 24 palabras que permiten regenerar el acceso. Esa frase es la llave maestra. Si alguien la consigue, puede vaciar el monedero; si el usuario la pierde, no hay forma de recuperar los fondos. No existe un botón de "he olvidado mi contraseña".

Monederos "calientes" y "fríos"

Dentro de la autocustodia hay dos familias, según estén o no conectados a internet:

  • Monederos calientes (hot wallets): aplicaciones de móvil, de navegador o de escritorio, siempre conectadas. Son cómodos y rápidos para operar a diario, pero su conexión permanente los hace más vulnerables a ataques y programas maliciosos.
  • Monederos fríos (cold wallets): dispositivos físicos, parecidos a una memoria USB, que guardan las claves desconectadas de internet. Son más seguros, porque un atacante necesitaría el aparato físico, a cambio de resultar menos ágiles para el día a día.

Las ventajas

El gran atractivo de la autocustodia es el control total. El usuario no depende de las políticas de una plataforma ni de que esta funcione: puede mover sus fondos cuando quiera. Además, elimina un riesgo real: el de que el exchange quiebre, sufra un robo o congele las cuentas. Si las monedas están en un monedero propio, no se ven afectadas por lo que le pase a un tercero.

Los riesgos: toda la responsabilidad es tuya

El reverso es igual de contundente. En autocustodia no hay red de seguridad. Perder la frase semilla equivale a perder el dinero para siempre. Y las transacciones en cripto son irreversibles: a diferencia de una tarjeta, un envío por error o a un estafador no se puede cancelar.

Eso traslada al usuario una responsabilidad que muchos subestiman: proteger la frase, hacer copias de seguridad en lugar seguro, reconocer intentos de phishing y no firmar operaciones fraudulentas. Un descuido, como fotografiar la frase semilla o aprobar un contrato malicioso, puede costar todo el saldo. Por eso conviene recordar que estos activos son volátiles y de alto riesgo, y que este artículo no es una recomendación de compra.

Qué dice la regulación

En Europa, el reglamento MiCA (Markets in Crypto-Assets), en aplicación progresiva, ordena la actividad de los proveedores de servicios de criptoactivos y refuerza la protección del inversor, según explica la autoridad europea de mercados, ESMA. Pero la autocustodia personal sigue moviéndose en un terreno con menos garantías que un intermediario regulado: la seguridad depende, en última instancia, del propio usuario.

La conclusión no es que una opción sea mejor que la otra, sino que responden a perfiles distintos. La autocustodia premia el control a cambio de exigir conocimientos y disciplina; la custodia en plataforma ofrece comodidad a cambio de confiar en un tercero. Antes de decidir, conviene entender bien qué se está asumiendo en cada caso.