El oráculo de Omaha pone fecha a su legado

Warren Buffett, a sus 95 años, ha trazado el calendario definitivo para desprenderse de su fortuna. El legendario inversor, apodado "el oráculo de Omaha", ha anunciado que donará la totalidad de sus acciones de Berkshire Hathaway —el conglomerado que dirigió durante décadas— antes de que acabe 2034, según ha informado Expansión. Es la hoja de ruta para repartir un patrimonio colosal, cifrado en torno a los 138.000 millones de dólares, según recogió CNBC.

A las fundaciones de sus hijos

El destino de esa fortuna no será la herencia tradicional. Buffett lleva años canalizando su dinero hacia la filantropía, y el grueso de estas acciones irá a parar a fundaciones benéficas gestionadas por sus tres hijos, además de a la fundación que lleva el nombre de su primera esposa, Susan Thompson Buffett. En la práctica, son sus hijos quienes decidirán a qué causas se destina buena parte de ese capital en los próximos años.

El anuncio encaja con una idea que Buffett ha repetido muchas veces: su intención de dar casi toda su riqueza. Es uno de los impulsores, junto a Bill y Melinda Gates, del Giving Pledge, la iniciativa por la que grandes fortunas se comprometen a donar la mayor parte de su patrimonio.

Relevo en la cúpula de Berkshire

El calendario de donaciones llega en plena transición al frente de Berkshire Hathaway. Buffett cedió la dirección ejecutiva de la compañía a Greg Abel, su sucesor designado, que asumió el cargo de consejero delegado, mientras el propio Buffett se mantiene como presidente. El inversor ha dejado claro que no venderá sus acciones en el mercado durante este proceso —lo que podría presionar la cotización—, sino que las irá transfiriendo a las fundaciones de forma ordenada.

El fin de una era en Wall Street

Buffett es una figura casi mítica en las finanzas: convirtió una modesta textil en un imperio inversor y se ganó a varias generaciones de accionistas con un estilo sobrio y a largo plazo. Poner fecha al reparto de su fortuna y confirmar el relevo en el mando cierra, de forma pausada y planificada, uno de los grandes capítulos de la historia reciente de Wall Street.

Para el común de los inversores, el mensaje de fondo va más allá de las cifras astronómicas: un recordatorio de que, incluso para la mayor de las fortunas, llega el momento de ordenar la sucesión y decidir qué huella dejar. Buffett ha elegido que la suya sea, sobre todo, la de la filantropía.