La calma ha vuelto parcialmente a los parqués europeos después de meses de tensión extrema. La reapertura del Estrecho de Ormuz y el principio de acuerdo entre Estados Unidos e Irán han aliviado la presión sobre los precios de la energía, pero los gestores no bajan la guardia. La Bolsa española afronta el cierre del primer semestre con un perfil claramente defensivo y, según los análisis de distintas casas, con al menos tres escenarios de riesgo que siguen latentes bajo la superficie.

Primer frente: la energía y la fragilidad de Oriente Próximo

El detonante de la volatilidad de los últimos meses ha sido geopolítico. El tráfico marítimo por el Estrecho de Ormuz —por donde pasa aproximadamente el 20% del petróleo comercializado en el mundo— quedó bloqueado en gran medida desde principios de año, cuando se tensó el conflicto en la región. El barril de Brent llegó a superar los 100 dólares y tocó un pico cercano a los 126 dólares, según la cronología de la crisis de Ormuz de 2026.

El acuerdo alcanzado este mes ha relajado la situación: el Brent cayó más de un 4% hasta los 83,75 dólares por barril y el WTI hasta los 80,87 dólares. Sin embargo, el riesgo no ha desaparecido. El pacto incluye un alivio temporal de sanciones y la retirada del bloqueo naval en un plazo de hasta 30 días, un calendario que cualquier incidente podría dinamitar. Un nuevo repunte del crudo y del gas seguiría siendo el principal detonante de un shock de oferta que complicaría el control de la inflación.

Segundo frente: unos bancos centrales con poco margen

El segundo escenario de riesgo es monetario. La inflación importada vía energía ha estrechado el margen de maniobra del Banco Central Europeo, que ha mantenido un sesgo prudente. La sensibilidad es máxima en la banca, que pesa enormemente en el Ibex 35: Banco Santander, BBVA y CaixaBank reaccionan con fuerza a cada giro en las expectativas de tipos, generando fases de alta volatilidad, según los análisis sobre las claves para invertir en el índice en 2026.

El problema es de fondo: si la inflación demuestra ser persistente, el BCE podría verse forzado a mantener los tipos altos más tiempo del previsto, encareciendo el crédito y frenando el ciclo. Y si los recorta demasiado pronto, corre el riesgo de reavivar las presiones de precios. Ese estrecho desfiladero es, para muchos gestores, la principal fuente de incertidumbre del semestre.

Tercer frente: el agotamiento del ciclo y la rotación defensiva

El tercer riesgo es macroeconómico. Después de un arranque de año con el Ibex 35 en niveles elevados, el mercado ha pasado de la euforia a la cautela en cuestión de semanas. Las previsiones de crecimiento se han revisado a la baja y crecen las dudas sobre la solidez del ciclo económico europeo.

La respuesta de los inversores ha sido rotar hacia perfiles más defensivos para blindar las carteras ante una posible desaceleración. El propio comportamiento de las plazas europeas en las jornadas de mayor tensión —con el CAC 40 cayendo un 1,1%, el DAX un 1,3% y el FTSE MIB italiano un 1,2%— ilustra hasta qué punto el contexto sigue marcado por la fragilidad.

La selectividad, como única certeza

La conclusión que comparten las distintas casas de análisis es que 2026 no admite automatismos. La reapertura de Ormuz podría devolver al mercado entre uno y uno y medio millones de barriles diarios de crudo iraní en los próximos meses, una presión bajista sobre el precio que beneficiaría a la inflación pero que depende por completo de que la tregua aguante. Con esos tres frentes abiertos —energía, tipos y ciclo—, la recomendación dominante es la selectividad y una gestión disciplinada del riesgo, a la espera de que la calma de las últimas semanas no resulte ser solo un paréntesis.