Antes de coger el coche o reservar el hotel, millones de viajeros hacen lo mismo: abrir Google Maps y mirar las estrellas. Las reseñas de otros bañistas se han convertido en una brújula del turismo de sol y playa, y un análisis de miles de valoraciones —elaborado por la plataforma de alquileres vacacionales Holidu y recogido por Time Out— deja un veredicto claro: Baleares y Canarias mandan, aunque el Cantábrico tiene su propio tesoro. Las cuatro mejores comparten un sobresaliente 4,8 sobre 5, pero cada una tiene su carácter.
1. Platja de Muro (Mallorca)
Encabeza la lista con la friolera de cerca de 7.800 reseñas. Situada en el norte de Mallorca, junto al parque natural de s'Albufera, la Platja de Muro suma kilómetros de arena fina y blanca bañada por aguas turquesas y muy poco profundas, ideales para quienes van con niños. Lo más cómodo para llegar es el coche desde Palma —unos 50 kilómetros— o el autobús que recorre la bahía de Alcúdia.
2. Playa de Cofete (Fuerteventura)
Cofete no es para todo el mundo, y ahí reside su magia. Este arenal virgen y kilométrico del sur de Fuerteventura, dentro del parque natural de Jandía, se conserva casi intacto gracias a su difícil acceso: una larga pista de tierra desde Morro Jable que conviene afrontar con un vehículo adecuado. El baño exige precaución por las corrientes, pero el paisaje de dunas, montañas y horizonte despejado compensa el esfuerzo.
3. Playa de Sotavento de Jandía (Fuerteventura)
La isla majorera mete dos playas en el podio, y no por casualidad. Sotavento es célebre entre los aficionados al kitesurf y el windsurf —acoge pruebas internacionales—, pero lo que enamora a los usuarios es la enorme laguna de aguas cristalinas y escasa profundidad que se forma sobre la arena cuando baja la marea, una piscina natural difícil de igualar. Se llega con facilidad en coche desde Costa Calma.
4. Playa de Mataleñas (Santander)
La única representante de la península en el top 4 y la gran sorpresa de la lista. Resguardada entre acantilados en el santanderino barrio de Cueto, Mataleñas combina arena dorada, aguas transparentes y un entorno natural protegido. Se ha convertido en el refugio de quienes huyen de la masificación del cercano Sardinero. Desde el centro de Santander se llega en bici o en autobús urbano.
Lo que dicen los números
Las cuatro empatan en nota, pero el volumen de reseñas revela su popularidad real: la Platja de Muro multiplica con creces las opiniones de Mataleñas, señal del enorme trasiego de visitantes que recibe. Curiosamente, Cofete, pese a su acceso complicado, acumula miles de valoraciones, prueba de que quien llega hasta allí rara vez se marcha decepcionado. Un consejo de viajero: en verano, reserva con antelación para las playas canarias y madruga para disfrutar de Mataleñas en calma.



