Los cetreros que trabajan en los aeropuertos vascos han quedado bajo la lupa de la justicia. Según informó El Correo, las autoridades han practicado registros en el marco de una investigación por presunto tráfico ilegal de halcones. Los detalles concretos —número de investigados, especies implicadas y alcance exacto— están aún por confirmar oficialmente, dado que el caso se encuentra en una fase muy inicial.

Un servicio creado para alejar aves

Lo que sí está fuera de duda es el escenario de fondo. La cetrería aeroportuaria es un servicio reglado, integrado en los planes de gestión de fauna que la normativa internacional de aviación exige a los aeropuertos. Equipos de halconeros certificados se encargan de ahuyentar gaviotas, estorninos y otras aves que pueden colisionar con los aviones —los conocidos bird strikes—, un riesgo capaz de causar daños graves o incluso accidentes. Es, por tanto, un trabajo de seguridad aérea que requiere acceso diario a aves rapaces entrenadas.

Esa posición de confianza es, precisamente, la que el caso pone en cuestión: la sospecha de partida —siempre bajo el principio de presunción de inocencia— es que alguno de estos profesionales pudiera haber aprovechado su acceso a las rapaces para fines ilícitos.

Por qué el tráfico de rapaces es delito

Las aves empleadas en estos servicios son, en buena parte, halcones peregrinos (Falco peregrinus), una especie incluida en el Apéndice I de la CITES, la categoría de máxima protección, que prohíbe con carácter general su comercio internacional con fines comerciales. En la Unión Europea, esa protección se traslada al Anexo A del reglamento comunitario de especies.

En España, el tráfico de especies protegidas está tipificado como delito contra la fauna en el artículo 334 del Código Penal, con penas que pueden llegar a la prisión y a la inhabilitación profesional, agravables si se acredita una actividad organizada o con ánimo de lucro.

Un mercado negro lucrativo

El comercio ilegal de rapaces es uno de los segmentos más rentables del tráfico de fauna a escala mundial. La demanda de cetrería de alto nivel —especialmente en algunos países de Oriente Medio, donde es una tradición de élite— ha alimentado durante años redes ilegales en Europa, con ejemplares que pueden alcanzar precios muy elevados. Conviene subrayar que se trata de un contexto general del fenómeno y no de un hecho probado en este caso concreto, sobre el que aún no hay conclusiones judiciales.

Presunción de inocencia

Ningún investigado ha sido condenado y todos mantienen la presunción de inocencia. Los registros son una diligencia habitual de la fase de instrucción y no implican culpabilidad: será el procedimiento judicial el que determine si existen indicios suficientes para formular cargos. El caso, en cualquier caso, pone el foco sobre un ámbito profesional —el de la cetrería al servicio de la seguridad aérea— poco expuesto hasta ahora al escrutinio público.