España vuelve a asarse. Con avisos activos y termómetros que rozan los 42 grados en amplias zonas del centro y el sur, conviene tener claro cómo reacciona el cuerpo ante el calor extremo. Porque el golpe de calor no es un simple "mal día de bochorno": es una emergencia médica que puede causar daños graves, y hasta la muerte, si no se actúa rápido.
Agotamiento por calor y golpe de calor: no son lo mismo
La diferencia es clave y salva vidas. El agotamiento por calor es el aviso previo: aparece sudoración abundante, debilidad, calambres musculares, dolor de cabeza, mareo y náuseas, pero la persona mantiene la conciencia clara: piensa, responde y está orientada. Es la ventana para actuar.
El golpe de calor es el escalón grave. El cuerpo pierde la capacidad de regular su temperatura y esta se dispara, en general por encima de los 40 grados. La piel puede estar caliente y, a veces, seca. La señal más peligrosa es la alteración del estado mental: confusión, desorientación, comportamiento extraño, convulsiones o pérdida de conocimiento, según recoge MedlinePlus. Si alguien "no está en sus cabales" con este calor, hay que sospechar de inmediato.
Qué hacer ante un golpe de calor
Ante la sospecha, cada minuto cuenta. Los pasos, siguiendo las pautas de la Cruz Roja Española:
- Llama al 112 de inmediato. No esperes a ver si mejora.
- Lleva a la persona a un lugar fresco y a la sombra.
- Afloja o retira la ropa que le sobre.
- Enfríala por todos los medios: rocíala con agua fresca y coloca paños húmedos en la cabeza, el cuello, las axilas y las ingles, zonas por donde pasa mucha sangre.
- Si está consciente, ofrécele agua a pequeños sorbos.
- Si vomita o pierde el conocimiento, colócala de lado para que no se atragante.
El objetivo es bajar la temperatura cuanto antes, sin esperar a la ambulancia para empezar a enfriar.
Quién corre más riesgo
No todos partimos igual. El Ministerio de Sanidad subraya que los grupos más vulnerables son las personas mayores de 65 años, los niños pequeños y quienes padecen enfermedades crónicas (sobre todo cardiovasculares o respiratorias), además de quienes toman ciertos medicamentos o trabajan al aire libre. En los mayores, la sensación de sed y la respuesta al calor se amortiguan; en los niños, el sistema de regulación térmica aún es inmaduro.
Prevenir es lo que de verdad funciona
La mejor herramienta no es el tratamiento, sino evitar llegar a ese punto:
- Bebe agua a menudo, aunque no tengas sed, y evita alcohol, cafeína y bebidas muy azucaradas.
- Rehúye el sol y el esfuerzo en las horas centrales, entre las 12 y las 17.
- Busca espacios frescos o climatizados y baja las persianas en las horas de más sol.
- Viste ropa ligera, clara y holgada.
- Vigila a las personas mayores o dependientes de tu entorno: una llamada o una visita puede detectar a tiempo un problema.
En plena ola de calor, estas rutinas sencillas son la primera línea de defensa. Reconocer los síntomas y actuar sin demora es la segunda.



