Un balance que aún crecerá

Francia ha cifrado en unas 2.025 muertes en exceso las registradas durante el pico de la ola de calor que asfixió al país a finales de junio, según informó la BBC. Se trata de un cálculo preliminar —basado en una parte de los certificados de defunción— que las autoridades sanitarias esperan que aumente cuando se consoliden todos los datos. Las "muertes en exceso" son las que superan a las esperadas para esas fechas en un año normal, y funcionan como el indicador más fiable del impacto real de un episodio de calor.

Como suele ocurrir, el golpe se ha cebado con los más vulnerables: la inmensa mayoría de los fallecidos eran personas mayores, el grupo en el que las altas temperaturas agravan patologías previas y disparan el riesgo de deshidratación y golpes de calor.

Una ola con dimensión continental

Francia no ha sido una excepción. El episodio se extendió por buena parte de Europa occidental y dejó miles de muertes adicionales en varios países, de acuerdo con análisis recogidos por Euronews. Varias regiones batieron registros térmicos y activaron alertas sanitarias, con ciudades obligadas a habilitar espacios climatizados y a reforzar la atención a ancianos y enfermos crónicos.

Los científicos insisten en un mensaje de fondo: el cambio climático de origen humano hace que estas olas de calor sean cada vez más frecuentes, intensas y prolongadas. Lo que hace unas décadas era excepcional empieza a repetirse verano tras verano.

España, de nuevo bajo aviso

Mientras Europa toma aire, España encara otra tanda de calor intenso. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) mantiene avisos por altas temperaturas, con máximas que en los valles del sur y del interior pueden acercarse o superar los 40 grados, y noches tropicales que apenas dan tregua. El suroeste peninsular —zonas de Andalucía y Extremadura— figura entre las áreas más castigadas.

Las recomendaciones de las autoridades sanitarias se repiten cada verano porque salvan vidas: hidratarse con frecuencia, evitar el exterior en las horas centrales del día, no dejar a nadie —tampoco a los animales— en vehículos cerrados y vigilar de cerca a mayores, bebés y personas enfermas. Con un clima que se calienta, la prevención frente al calor deja de ser una cuestión estacional para convertirse en un asunto de salud pública.