Una desinversión con lógica estratégica
Eroski ha dado un paso más en su concentración alrededor del negocio que lo vio nacer. La cooperativa con sede en Elorrio (Bizkaia) ha alcanzado un acuerdo con Petroprix, la cadena andaluza de carburante barato, para traspasarle la totalidad de su red de estaciones de servicio: cuarenta puntos repartidos por once comunidades autónomas.
La operación no ha hecho público su precio y está pendiente del cumplimiento de las condiciones pactadas. Se espera que quede formalizada antes de que termine 2026, según Deia.
Cuarenta estaciones en once territorios
La red que cambia de manos cubre buena parte del mapa: Andalucía, Aragón, Asturias, Cantabria, Castilla y León, Cataluña, Galicia, Baleares, La Rioja, Navarra y el País Vasco. Aunque Eroski sigue siendo fuerte en Euskadi, la mayoría de estas estaciones se reparte por regiones donde la cooperativa mantiene supermercados e hipermercados.
La consejera delegada del grupo, Rosa Carabel, ha reconocido que las gasolineras tenían "poca relevancia" dentro del conjunto del negocio. La frase resume la lógica de la venta: en un sector que exige enorme especialización y márgenes muy ajustados, una cooperativa alimentaria difícilmente puede competir con operadores construidos sobre esa base.
Petroprix, el low cost que gana terreno
El comprador nació en Jaén y ha hecho de la eficiencia de costes su única propuesta de valor. Petroprix opera con estaciones automatizadas y precios sistemáticamente por debajo de la media, y ha ido expandiéndose desde Andalucía al resto de España y, más tarde, a Portugal, Chile y Panamá. Con las cuarenta estaciones de Eroski alcanzará los 245 surtidores en su red internacional, lo que supone además un salto geográfico relevante en territorios donde hasta ahora tenía escasa presencia.
Eroski se afila en alimentación
Para la cooperativa, la venta es coherente con la hoja de ruta de los últimos años. Tras culminar su reestructuración financiera, Eroski cerró 2025 con 6.081 millones de euros en ventas a través de más de 1.500 establecimientos, según El Economista, apostando por los formatos de proximidad y la franquicia y desprendiéndose de activos no estratégicos.
La operación llega, además, en plena reconfiguración del negocio de carburante en España: los grandes grupos de distribución que históricamente tenían gasolineras adosadas a sus centros revisan su papel ante la presión de la movilidad eléctrica y la competencia de los operadores low cost. Petroprix, una de las grandes beneficiarias de ese movimiento, refuerza con esta compra su posición como uno de los actores independientes más relevantes del sur de Europa.



