Los inversores institucionales están sacando dinero de las criptomonedas a un ritmo no visto desde que existen estos productos. Los ETF de bitcoin al contado registrados en Estados Unidos protagonizaron a finales de mayo y comienzos de junio la racha de reembolsos más larga de su historia, una señal que los analistas leen como un termómetro fiable del enfriamiento del apetito por el riesgo.

Qué es un ETF de bitcoin al contado

Un ETF (siglas en inglés de fondo cotizado) es un vehículo que se compra y se vende en bolsa como si fuera una acción. En el caso de un ETF de bitcoin al contado (spot), el fondo guarda bitcoins reales y su cotización replica el precio de la criptomoneda, de modo que el inversor puede ganar exposición a bitcoin desde una cuenta de valores tradicional, sin custodiar él mismo las monedas ni gestionar contraseñas.

Desde su autorización en EE. UU. en enero de 2024, estos fondos se han convertido en la principal puerta de entrada del dinero institucional al bitcoin. Por eso sus flujos importan tanto: cuando entra dinero, el gestor compra bitcoins; cuando sale, los vende. Vigilar esos flujos diarios equivale a tomar el pulso a la demanda profesional de criptomonedas casi en tiempo real.

Trece días de salidas y 4.400 millones de dólares

Según los datos recogidos por CoinDesk y otros proveedores, los ETF de bitcoin al contado encadenaron trece jornadas consecutivas de reembolsos desde mediados de mayo, con una sangría que rondó los 4.400 millones de dólares, la mayor desde el lanzamiento de estos fondos. La racha se rompió el 5 de junio con una tímida entrada neta de apenas 3 millones de dólares, una cifra minúscula frente a los más de 100 millones de salida diaria registrados durante el episodio.

El protagonista del éxodo fue el mayor de todos los fondos: el IBIT de BlackRock, que concentró alrededor del 75% de las retiradas. El FBTC de Fidelity y el GBTC de Grayscale también sufrieron salidas, aunque de menor magnitud. Que un solo fondo, el dominante, explique la mayor parte de la fuga sugiere reembolsos institucionales de gran tamaño más que un pánico minorista generalizado. En las semanas posteriores el goteo continuó, con un balance acumulado que superaba los 5.900 millones hacia mediados de junio.

El telón de fondo: precio a la baja y una Fed más dura

Las salidas coincidieron con una corrección del bitcoin, que llegó a cotizar en torno a los 62.000 dólares, muy por debajo de sus máximos. Los analistas señalan un mismo culpable de fondo: el endurecimiento del discurso de la Reserva Federal. La reunión del 17 de junio, la primera presidida por Kevin Warsh, mantuvo los tipos pero retiró el sesgo de recortes, en un contexto de rentabilidades de los bonos del Tesoro pegajosamente altas, según CryptoSlate.

La lógica es directa: cuando suben los tipos y se aleja la perspectiva de dinero barato, el coste de oportunidad de mantener un activo sin rendimiento como el bitcoin crece. El capital regulado, más sensible a esa comparación con la rentabilidad del efectivo y la deuda pública, suele ser el primero en marcharse.

Cómo interpretarlo

Conviene no caer ni en la alarma ni en la euforia. Varias casas de análisis describen el episodio como cíclico más que estructural: una rotación táctica ligada al entorno macro, no una huida definitiva. La ruptura de la racha y las posteriores entradas puntuales apuntan a una posible estabilización, pero la magnitud de las salidas confirma que la demanda institucional sigue condicionada por los tipos de interés. El próximo rumbo del bitcoin dependerá, en buena medida, de lo que decida la Fed de Warsh.