El Banco Central Europeo (BCE) ha decidido no mover ficha. Mantiene los tipos de interés en el 2,25%, según recoge elDiario.es. Una decisión de esperar y ver, en un momento de mucho ruido de fondo.

Una pausa con presión

La decisión fue unánime, pero no exenta de tensión interna: la propia presidenta, Christine Lagarde, reconoció que algunos miembros del Consejo de Gobierno se preguntaban si no habría que subir ya los tipos (los llamados "halcones", partidarios de una política más dura). De momento, se han impuesto la cautela y el statu quo.

Los datos que sostienen la calma

A favor de no tocar nada juega la inflación, que en la eurozona se moderó al 2,8% en junio, por debajo de lo esperado y ya cerca del objetivo del 2%. Lagarde apuntó además a cierta mejora en el segundo trimestre y a una recuperación parcial de los servicios, aunque avisó de que el crecimiento seguirá siendo moderado a corto plazo.

La sombra del petróleo

El gran factor de incertidumbre viene de fuera de la economía: la guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz han tensado el mercado del crudo. El Brent llegó a rozar los 100 dólares por barril durante la propia rueda de prensa. Por eso el BCE avisa de que los riesgos de la energía sobre la inflación siguen al alza, al tiempo que el "shock energético" amenaza al crecimiento. Un equilibrio delicado: si sube tipos, enfría la economía; si no los sube, arriesga con la inflación.

Todos los ojos en septiembre

Aquí está la clave para hipotecas y ahorradores. Los analistas esperan una o dos subidas a partir del otoño, según cómo evolucionen los datos. David Zahn (Franklin Templeton) prevé una última subida en septiembre si la inflación se mantiene por encima del 2%, seguida de una pausa para calibrar el efecto de todo el endurecimiento anterior.

En resumen: hoy, sin cambios; pero la sensación es la de una tregua, no la de un final de trayecto. El próximo capítulo se escribe en septiembre.