El verano nos saca al aire libre, y con ello llegan los encuentros con bichos que dan respeto. La buena noticia, según los biólogos Mike Pérez Rodríguez y Laura Ojalvo, del canal de divulgación Naturymas, recogidos por elDiario.es, es que casi todo se resuelve con prevención y sentido común.

La garrapata, la protagonista inesperada

Sorprende, pero el animal que más ojo merece no es el más aparatoso, sino la garrapata. Es diminuta, pero puede transmitir enfermedades como la fiebre botonosa mediterránea, la encefalitis, la fiebre de Crimea-Congo o la enfermedad de Lyme.

La clave es evitarla: no meterse entre hierba alta ni matorral cuando se pueda, llevar pantalón largo y, al volver a casa, revisarse el cuerpo. Si encuentras una pegada a la piel, quítala cuanto antes con unas pinzas específicas, tirando con firmeza. Nada de aceite ni remedios caseros.

Medusas: sin frotar

En la playa, si una medusa te roza, sal del agua sin agobiarte. Retira los tentáculos que hayan quedado en la piel sin frotar (frotar dispara más células urticantes) y aclara con agua salada, nunca dulce. Si el dolor es intenso o persiste, acude al puesto de socorro.

Víboras: calma y hospital

Las víboras (España tiene cuatro especies venenosas) causan al año entre 100 y 150 ingresos hospitalarios, pero la mortalidad es prácticamente nula en adultos sanos atendidos a tiempo. Prevención sencilla: no levantar piedras ni troncos con la mano en el monte y usar calzado cerrado. Si te muerde una, mantén la calma, no corras, y acude sin demora al hospital.

Avispas: el riesgo real es la alergia

Puede chocar, pero avispas, avispones y abejas son los animales silvestres que más muertes causan en España: 78 fallecidos en veinte años, sobre todo hombres mayores de 65 años y en verano. El peligro no es el veneno en sí, sino la reacción alérgica grave (anafilaxia). Quien sepa que es alérgico debe llevar su adrenalina autoinyectable. Ante una picadura con dificultad para respirar o hinchazón de cara o garganta, urgencias de inmediato.

Y una regla que vale para todos

Por encima de cada consejo, los biólogos insisten en una idea sencilla: los animales silvestres no son mascotas. No hay que tocarlos, cogerlos ni alimentarlos. Vale para la garrapata y vale para un jabalí, que parece inofensivo hasta que se siente acorralado o protege a sus crías: distancia y vía de escape. Disfrutar del campo y de la playa es perfectamente compatible con no llevarse un susto.