En la carrera militar entre China y Estados Unidos, hay un terreno donde Pekín todavía va por detrás, y no es en el cielo ni en tierra, sino bajo el agua. Para intentar corregirlo, China ha presentado una versión mejorada de su avión antisubmarino Y-9, como analiza Xataka. Se mostró públicamente el 3 de septiembre de 2025 y después en ejercicios.

Qué es la guerra antisubmarina

Cazar submarinos es, probablemente, la tarea más difícil de una armada. El objetivo, por definición, no se ve: se esconde en la profundidad, y el sonido (la principal forma de detectarlo) se deforma según la temperatura, la salinidad o las corrientes del mar. No hay cámara que valga; hay que escuchar con paciencia y con mucha tecnología.

La debilidad china, en palabras del Pentágono

El punto flaco de China está documentado por el rival. Según una evaluación del Departamento de Defensa de Estados Unidos de 2024 que cita la fuente, la Armada china "mejoraba sus medios antisubmarinos, pero seguía sin alcanzar una capacidad robusta en aguas profundas". El problema se agrava más allá de la primera cadena de islas, con pocos sensores desplegados, una aviación de patrulla marítima limitada y trabas logísticas. Y el escenario no ayuda: el mar de China Meridional supera los 1.000 metros de profundidad en muchos puntos.

Qué aporta el nuevo Y-9

La versión mejorada llega cargada de sensores:

  • un nuevo radar de barrido electrónico (AESA) bajo el fuselaje, con más cobertura y alcance;
  • la capacidad de lanzar hasta 100 sonoboyas de distintos tipos por ambos lados del avión;
  • un detector de anomalías magnéticas renovado en la cola, más compacto, para localizar el casco metálico de los submarinos.

Las sonoboyas son pequeños sensores flotantes que se sueltan en el mar, escuchan los ruidos del fondo y transmiten lo que oyen al avión. Cuantas más se despliegan, más tupida y precisa es la red de escucha.

Una pieza de un puzle mayor

El Y-9 no actúa solo: es la parte aérea y móvil de una arquitectura de vigilancia mucho más amplia que China está tejiendo, con sensores en el espacio, en la costa, en buques de superficie, en submarinos y en vehículos no tripulados. La idea es coser todas esas capas para no tener puntos ciegos.

Aun así, la conclusión de fondo es prudente: el avión es un paso adelante, pero la distancia con Occidente en este campo, aunque se estrecha, sigue siendo notable. En la guerra silenciosa de los submarinos, ganar terreno lleva años.