Componer la música de la que se anuncia como una de las grandes películas del año y hacerlo sin orquesta sinfónica suena a temeridad. Es justo lo que ha hecho Ludwig Göransson en La Odisea, la nueva cinta de Christopher Nolan, según recoge elDiario.es.
Quién es Göransson
Nacido en Linköping (Suecia) en 1984, hoy tiene 41 años y una vitrina que ya quisieran compositores con el doble de carrera: tres premios Óscar a la mejor banda sonora (por Black Panther, Oppenheimer y Sinners), además de varios Grammy, Globos de Oro y un Emmy. Creció en una familia de músicos (padre guitarrista de blues, madre pianista) y se formó en el Real Conservatorio de Estocolmo y, con beca, en la Universidad del Sur de California.
Su nombre está detrás de algunas de las bandas sonoras más reconocibles de la última década: la citada Black Panther, Oppenheimer, Tenet, la serie The Mandalorian o Creed, entre otras.
La apuesta de 'La Odisea'
La decisión para la película de Nolan parte de una idea tan simple como radical: si el relato es el de la Grecia de Homero, ¿por qué sonar como el cine del siglo XX? Göransson ha renunciado a la orquesta tradicional y ha construido el sonido con instrumentos de la Antigüedad: liras interpretadas con criterios históricos, aulos (la flauta doble griega) reconstruidos a partir de fuentes arqueológicas y una colección de 35 gongs de bronce.
El resultado no es, sin embargo, un ejercicio de museo. El compositor mezcla esos instrumentos ancestrales con sintetizadores, un anacronismo deliberado que amplía la textura sin renunciar a la inspiración histórica. Lo viejo y lo nuevo, tocando a la vez.
Por qué está en la primera línea
El artículo lo sitúa, con razón, al nivel de los grandes: John Williams (54 nominaciones al Óscar, 5 estatuillas) y Hans Zimmer (dos Óscar y más de cuatro décadas de influencia). Göransson todavía está lejos de esa trayectoria, pero su ritmo de reconocimiento es vertiginoso, y sobre todo tiene una seña propia: no repite fórmula. Donde otros aplican el molde que funciona, él parece preguntarse en cada proyecto qué sonido pide esa historia en concreto.
Esa es, quizá, la mejor noticia para el espectador. En una época en la que muchas bandas sonoras tienden a parecerse, Göransson insiste en que cada película puede ser una excusa para inventar un sonido nuevo. Aunque eso signifique mandar a casa a la orquesta y llamar a un fabricante de gongs.



