El muro ya no es suficiente

Durante décadas, los muros de las prisiones españolas fueron la primera línea de defensa contra el contrabando. Hoy se enfrentan a un adversario que simplemente los sobrevuela. Los drones, aparatos ligeros y silenciosos que se compran en cualquier tienda de electrónica, se han convertido en el «enemigo invisible» de los funcionarios: cruzan el perímetro en segundos, sueltan su carga en un patio y desaparecen antes de que nadie reaccione.

La prisión de Picassent, en Valencia, ilustra la magnitud del problema. Entre 2018 y 2024 el centro confiscó 653 teléfonos móviles, 72 de ellos solo en el último año, según información recogida por la prensa local. La cifra refleja únicamente lo detectado; lo que permanece oculto es, por definición, desconocido. El número exacto de drones interceptados específicamente en Picassent no ha sido confirmado de forma oficial.

Cómo funciona el negocio aéreo

El método es sencillo y eficaz: un dron civil —a menudo modificado con materiales no metálicos para esquivar los escáneres— despega de las inmediaciones de madrugada, suelta la carga (teléfonos pequeños, SIM, droga en cantidades reducidas) y vuelve a casa. La rentabilidad explica su expansión. Según el sindicato ACAIP-UGT, un teléfono que en la calle cuesta 70 u 80 euros puede alcanzar los 500 o 600 dentro de una prisión —y los micro-móviles más sofisticados, aún más—. Ese mercado negro genera además deudas y, con ellas, violencia entre internos.

Una epidemia nacional

Picassent no es un caso aislado. En el conjunto de las cárceles españolas se incautaron alrededor de 2.500 móviles ilegales en 2025, más de 13.000 desde 2021, según Libertad Digital. El problema se concentra en ciertos centros: la prisión de Ceuta es la más castigada, con decenas de drones sobrevolando sus instalaciones a diario, y Málaga, Valdemoro o Albolote figuran también entre los más afectados.

Inhibidores que se quedan cortos

La mayoría de las prisiones tienen inhibidores de frecuencia, pero ACAIP-UGT denuncia que muchos solo bloquean señales 3G, mientras los teléfonos actuales operan en 4G y 5G, y reclama su actualización. Contra los drones, Interior ha probado sistemas más avanzados como EnforceAir, capaz de detectar y tomar el control del aparato, ensayado en Málaga y extendido a Ceuta, Melilla y Cádiz, además de participar en un programa estatal de defensa antidrones. Aun así, los sindicatos llevan años avisando de lo mismo: las medidas disponibles van siempre un paso por detrás de una tecnología que el crimen abarata y sofistica sin descanso. Mientras no haya una inversión real en sistemas antidrones e inhibidores modernos, el muro seguirá siendo una barrera que cualquier cuadricóptero salva en segundos.