Un humo más tóxico que el del tráfico
Las partículas finas que desprenden los incendios forestales no son como el resto de la contaminación urbana. Según la primera guía de recomendaciones sanitarias sobre incendios forestales publicada esta semana por el Ministerio de Sanidad, el material particulado PM2.5 generado por la quema de bosques y matorral resulta más dañino que el del tráfico, por su composición química y su capacidad oxidativa. Son partículas tan pequeñas que penetran en las vías respiratorias más profundas, pasan a la sangre y pueden alcanzar tejidos lejanos. El contexto es inmediato: los incendios que han afectado a Asturias estos días han devuelto el humo forestal a la categoría de amenaza sanitaria, y no solo para quienes viven junto al frente del fuego.
Qué le hace al cuerpo
Los efectos afectan a varios sistemas. En el aparato respiratorio y cardiovascular, pequeños aumentos de PM2.5 se asocian a incrementos de la mortalidad —según los datos recogidos en la guía—, y las personas con asma, EPOC o insuficiencia cardíaca son las más vulnerables. En el sistema nervioso, las partículas más finas pueden llegar al cerebro y provocar, según el Ministerio, alteraciones transitorias de la concentración y la atención. Y en el embarazo, la evidencia es especialmente sólida: un estudio publicado en The Lancet Planetary Health, liderado por la Universidad de Washington sobre más de 20.000 nacimientos, concluyó que cada microgramo adicional de PM2.5 procedente de incendios eleva en torno a un 7% el riesgo de parto prematuro, con la vulnerabilidad máxima alrededor de la semana 21 de gestación.
Quiénes corren más riesgo
Sanidad identifica cuatro grupos especialmente vulnerables: embarazadas, por los riesgos para el feto; bebés y niños, cuyos pulmones siguen en desarrollo y que respiran más aire en proporción a su peso; personas mayores, con menor capacidad de recuperación; y enfermos respiratorios o cardíacos, en quienes incluso una exposición moderada puede desencadenar una crisis. Cuando el humo se combina con calor extremo, el riesgo se multiplica.
Cómo protegerse
La guía es tajante en un punto: solo las mascarillas FFP2 o N95 protegen de verdad frente a las partículas finas; las quirúrgicas, los pañuelos o las bufandas no filtran el PM2.5. Las recomendaciones clave son seguir el Índice de Calidad del Aire de cada comunidad autónoma para decidir si ventilar o hacer ejercicio al aire libre; mantener puertas y ventanas cerradas durante los episodios de humo; evitar dentro de casa todo lo que empeore el aire (fumar, aspirar, encender velas); no ventilar hasta que las autoridades lo autoricen; y vigilar el agua de consumo en las zonas afectadas, porque las cenizas pueden contaminar las redes.
Una amenaza que irá a más
El cambio climático alarga e intensifica las temporadas de incendios en toda la cuenca mediterránea. Lo ocurrido en Asturias es, en ese marco, un recordatorio de que el humo forestal ha dejado de ser un riesgo puntual para convertirse en un factor de salud pública que exige planificación, información ciudadana y protocolos claros. La guía de Sanidad es un primer paso en esa dirección.



