Suena a broma, pero es un fenómeno real: aplicaciones en las que pides comida a domicilio que jamás va a llegar, y te quedas tan a gusto. Lo cuenta Xataka.

Cómo funcionan

La mecánica es tan simple como desconcertante. Apps como Food Never Comes te dejan navegar por un menú, elegir platos y confirmar el pedido... y ahí se acaba todo. No pagas, no recibes nada. La gracia está en recrear casi todos los pasos de una compra (la anticipación, la elección, la sensación de "ya está pedido") sin que cambie de manos un solo euro.

Por qué la gente las usa

La clave es la dopamina, el neuroquímico de la recompensa. Después de un día agotador, el simple gesto de "comprar" libera esa sensación placentera, la misma que da una compra de verdad, pero sin consecuencias en la cuenta bancaria. Es una forma de desahogo: el subidón de gastar, sin gastar.

El fenómeno nació en Corea del Sur y empieza a asomar fuera: además de la coreana Food Never Comes, ya existe la estadounidense Dopamine Shop.

La cara B, según los expertos

No todo es inofensivo. El investigador del comportamiento del consumidor Gary Mortimer advierte de que estas apps podrían ser una "puerta de entrada a algo peor". Se apoya en un paralelismo inquietante: en el juego, estudios sobre apuestas simuladas sin premio encontraron que entre el 19% y el 26% de los participantes acababan pasando al juego real en unos meses. Un patrón parecido se ha visto con los cigarrillos electrónicos como antesala del tabaco.

Hay, además, una letra pequeña digital: aunque no compres nada, esas selecciones alimentan los algoritmos y personalizan la publicidad que te persigue después.

Un espejo curioso

Al final, estas apps dicen bastante de la época. Consumimos por el placer del propio acto de consumir, hasta el punto de que hemos inventado una versión sin producto: todo el ritual de la compra, vacío de compra. Como entretenimiento puntual para descargar tensión, tiene su gracia. Conviene solo no perder de vista de qué se ríe, en el fondo, el chiste.