La gestora estadounidense Apollo Global Management ha tenido que echar el freno. Uno de sus grandes fondos de crédito privado, Apollo Debt Solutions (ADS), con unos 26.000 millones de dólares en activos, ha recibido peticiones de los inversores para retirar alrededor del 17% de su capital en un solo trimestre, según informaron CNBC y Reuters. La cifra exacta que manejan las agencias es del 16,8%. Ante esa avalancha, la firma ha aplicado el límite que marcaban sus propias reglas: solo reembolsará el 5% este trimestre.

Qué es el crédito privado (y por qué se ha hecho tan grande)

El crédito privado es, dicho de forma sencilla, un préstamo a empresas que no concede un banco, sino un fondo de inversión. En lugar de pedir dinero a una entidad bancaria o emitir bonos en el mercado, una compañía toma prestado directamente de un gestor de activos como Apollo, Blackstone o Blue Owl. A cambio de asumir más riesgo y de que ese dinero sea difícil de recuperar antes de tiempo, los inversores cobran intereses más altos.

Este negocio explotó tras la crisis financiera de 2008. La regulación obligó a los bancos a ser más prudentes y muchos se retiraron de los préstamos a empresas medianas. Ese hueco lo ocuparon los fondos: el mercado global pasó de unos 230.000 millones de dólares en 2008 a cerca de 1,7 billones en la actualidad, según datos del sector recogidos por la Reserva Federal de Boston. En paralelo, las gestoras crearon vehículos semilíquidos para atraer a particulares con patrimonio.

Qué es un 'gate' y por qué se ha activado

Aquí está el nudo del problema. Estos fondos prestan dinero a largo plazo y de forma poco líquida —recuperar un préstamo lleva meses o años—, pero permiten a sus inversores pedir su dinero cada trimestre. Cuando demasiada gente quiere salir a la vez, el fondo no puede vender los préstamos de golpe sin malvenderlos. Para evitarlo existe el 'gate' (literalmente, una verja): un tope que limita cuánto capital puede salir en cada ventana. En el caso de ADS y de la mayoría del sector, ese límite es el 5% trimestral.

Activar el 'gate' no significa que el fondo esté quebrado ni que haya pérdidas. Pero sí indica que más inversores quieren marcharse de los que el fondo puede atender de una vez, y eso genera nerviosismo.

Una tensión que no es solo de Apollo

Llama la atención que la presión venga sobre todo de fuera de EE. UU.: los clientes estadounidenses pidieron retirar un 4,3%, mientras que los inversores extranjeros (offshore) elevaron sus solicitudes hasta el 12,5%. El trimestre anterior las peticiones ya habían sido del 11,2%, así que la tendencia va en aumento.

El caso no es aislado. Blackstone limitó al 5% los reembolsos de su fondo insignia BCRED, de 79.000 millones, tras dispararse las solicitudes al 10%. Y Blue Owl optó por fusionar su vehículo no cotizado con uno que sí cotiza para aliviar la presión.

Por qué preocupa a los reguladores (sin alarmismo)

Organismos como el FMI, el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB) y el Banco Central Europeo llevan tiempo advirtiendo de los puntos débiles del crédito privado: valoraciones poco transparentes (los préstamos no se negocian a diario, así que su precio es en parte una estimación), varias capas de deuda y, sobre todo, ese desajuste de liquidez entre lo que prometen a los inversores y lo difícil que es vender los activos.

La lección de estas semanas es que los 'gates' están funcionando como red de seguridad: frenan las salidas de forma ordenada y evitan ventas de urgencia. Pero también recuerdan al inversor particular una regla básica que a veces queda en letra pequeña: en el crédito privado, recuperar el dinero cuando uno quiere no siempre es posible.