No entra en la clasificación del Mundial, pero Fernando Alonso se ha llevado un triunfo simbólico en Silverstone. Antes de la salida del Gran Premio de Gran Bretaña, la Fórmula 1 sustituyó el clásico desfile de pilotos por una estampa de lo más llamativa: 22 minicoches conducibles construidos con piezas de LEGO, uno por cada piloto de la parrilla, según Formula 1.
Un desfile, no una carrera
Conviene dejarlo claro: lo de Silverstone fue una acción promocional, un espectáculo previo para el público, no una competición oficial. Cada vehículo lucía los colores y el número de su equipo y era capaz de rodar a un ritmo tranquilo, de unos 24 km/h (15 mph), según Sky Sports. Lo justo para dar la vuelta de rigor y regalar imágenes simpáticas.
El invento no era del todo nuevo: la idea de los minicoches de LEGO ya se había estrenado en el Gran Premio de Miami del año anterior, y en Silverstone dio el salto a la parrilla al completo.
Con permiso de los reticentes
No todos abrazaron la ocurrencia con el mismo entusiasmo. Lewis Hamilton, siete veces campeón, había dejado en el aire su participación ("no sé si me subiré al coche de LEGO este año"), y Max Verstappen reconoció que prefería el desfile de siempre. Aun así, la mayoría se prestó al juego, y entre bromas y adelantamientos de juguete fue Alonso quien acabó saliéndose con la suya.
A sus 44 años, con dos títulos mundiales a la espalda y en una temporada complicada para Aston Martin, al asturiano no le viene mal un pódium, aunque sea de plástico. La escena, además, cumplió su función: acercar la Fórmula 1 a los más pequeños y demostrar que el paddock también sabe reírse de sí mismo antes de que los motores de verdad se pongan a rugir.



